¿Es verdad que los imanes se desgastan con el tiempo?

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Los imanes pierden sus propiedades magnéticas con el tiempo, aunque tardan mucho en hacerlo. Por ejemplo, un imán actual de samario-cobalto tardaría unos 700 años en perder la mitad de su fuerza magnética.

Los fenómenos magnéticos fueron conocidos por los antiguos griegos. Se dice que por primera vez se observaron en la ciudad de Magnesia, en Asia Menor, de ahí el término magnetismo. El magnetismo está ligado a última instancia al movimiento orbital y de giro de los electrones en los átomos. Determinadas disposiciones de estos giros (como la de los átomos de hierro) conforman materiales intensamente magnéticos. Cuando los inquietos electrones están ordenados, hay magnetismo.

Por eso los imanes también son vulnerables al calor o a las caídas, que desalinean sus campos y perjudican la alineación.

Sin embargo, dado que todas las sustancias contienen electrones en movimiento, todo resulta ser magnético en una u otra medida: el agua, la madera, incluso las ranas. Si no lo notamos es porque su efecto es muy débil: un billón de veces inferior al de metales como el hierro.

De esta manera, aunque es posible levantar un palillo mediante un imán, para ello se necesita un potente campo magnético (unas 200.000 veces mayor al de la Tierra), pero puede hacerse: el físico alemán Werner Braunbeck logró en 1939 levantar pedacitos de grafito aparentemente no magnético, y físicos franceses lo consiguieron en 1991 con gotas de agua.

El logro más espectacular fue en 1997, cuando un equipo de la Universidad de Nimega (Holanda) logró que una rana flotara en un campo magnético.

También podría conseguirse con un ser humano, al menos en teoría. Pero para generar el campo magnético necesario se requeriría la producción de una central nuclear.

Vía | ¿Por qué la araña no se queda pegada a la tela? de Robert Matthews

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