
Una de las imágenes mÃticas de la saga de James Bond (era Sean Connery, of course) pertenece a la tercera pelÃcula, estrenada en 1964 bajo el tÃtulo Goldfinger. Además de estrenar el autómovil Aston Martin DB5, que reaparecerÃa en “Operación Trueno” (Thunderball) y en otras pelÃculas como “GoldenEye” y “Casino Royale”, una chica es asesinada de un modo muy original: cubriéndose cada centÃmetro de su piel con pintura dorada.
La intención es que asà su pies sea incapaz de respirar y muera asfixiada. La actriz que interpretaba a la pobre chica dorada era Shirley Eaton, y publicó su autobiografÃa en el año 2000, a pesar de que corrÃa la leyenda urbana de que habÃa muerto asfixiada durante el rodaje de la escena. De hecho, los productores de la pelÃcula creyeron conveniente que un médico asistiera al rodaje de la escena y que se dejaran 10 centÃmetros de piel sin pintar en el abdomen de la actriz, a fin de que la piel pudiera “respirar”.
Pero ¿cuánto hay de cierto en esto? ¿Realmente la piel necesita respirar y si tapamos todos sus poros nos asfixiarÃamos?
A pesar de lo gráfico de la secuencia cinematográfico, serÃa imposible asfixiar de ese modo a una persona, ni con pintura dorada ni con pintura de cualquier otro color. Básicamente porque solo respiramos por la nariz y la boca, no por los poros de la piel. Si acaso, la mujer podrÃa morir de calor, siempre que dejáramos la pintura el suficiente tiempo cubriendo su piel, porque los poros, bloqueados por la pintura, no podrÃan sudar, que es la forma que tiene nuestro cuerpo de regular su temperatura.
Otra suerte correrÃa el ratón marsupial de Douglas (Smithopsis douglasi), porque es un animal de doce centÃmetros de longitud que respira por la piel. Él sà que podrÃa haber protagonizado la escena de Goldfinger, aunque no fuese un personaje tan glamouroso (aunque el marsupial no fue descubierto hasta 1998, bastante después del rodaje).
Tal y como explica John Lloyd en El nuevo pequeño gran libro de la ignorancia:
Los ratones marsupiales de Douglas nacen inusualmente poco desarrollados: su perÃodo de gestación es de tan solo doce dÃas, y la crÃa nacida apenas es más larga que un grano de arroz. Por lo tanto, no pueden utilizar los pulmones inmediatamente, asà que intercambian el oxÃgeno y el dióxido de carbono a través de la piel: algo que antes se creÃa imposible en cualquier mamÃfero. Los investigadores se dieron cuenta de ello cuando se percataron de que las crÃas recién nacidas ni respiraban ni estaban muertas.
Pero bueno, Bond es Bond, y se lo perdonamos, como perdonamos que en las novelas de piratas aparezcan tantos mapas con una X señalando el tesoro, a pesar de que no hay mapas asà documentados históricamente.