Durante tiempos inmemoriales, el ser humano ha intentado manipular la meteorología. Al principio mediante técnicas poco eficaces, como las oraciones, los bailes rituales o el poner un cesto de huevos en la puerta de una parroquia.
Después llegaron técnicas un poco más eficaces, como la siembra de nubes mediante yoduro de plata. A finales de los años 1940, tres científicos de General Electric que trabajaban en Schenectady (Nueva York) esparcieron con éxito el yoduro de plata, que es un compuesto químico usado en fotografía y como antiséptico en medicina y que permite inducir la nucleación de cristales de hielo en el sembrado de nubes para provocar lluvia artificial.
Por cierto, dos de esos científicos eran Bernard Vonnegut y su hermano menor, Kurt. Sí, el novelista de fama mundial, en cuyos escritos incluyó mucho de la imaginativa ciencia que había visto en Schenectady.
Pero esta técnica no funciona siempre. Así que ha llegado la nueva y última manera de pedirle a los dioses que hagan llover: físicos europeos han demostrado por primera vez que los láseres pueden utilizarse para formar nubes y provocar la caída de gotas de lluvia, acabando así con las zonas de sequía.

La manipulación del clima parece estar cada vez más al alcance de los científicos chinos, que acaban de conseguir por primera vez nieve artificial en el altiplano tibetano, la meseta más alta del mundo y asolada por el calentamiento global, con el objetivo de reverdecer sus secas praderas.