Una de las cosas que más recuerdo de mis clases de Ética en el instituto son las clases dedicadas a los placeres en movimiento y los placeres estáticos.
Los placeres en movimiento son aquellos que resultan fáciles de obtener, pero pasan rápido, desaparecen, se esfuman como el mordisco a un bollo de crema. Los placeres estáticos son aquellos que cuestan más de obtener pero, por el contrario, perduran mucho tiempo o toda la vida: una buena amistad, determinados conocimientos, una buena forma física, etc.
El psicólogo Walter Mischel realizó una serie de experimentos en los que sometía a niños de 4 años a estos dilemas.
