De todos es sabida la dificultad que entraña obtener fondos para la investigación científica. Para paliar en algo ese mal endémico, muchas universidades ofrecen sus instalaciones científicas para que las empresas las usen para sus fines. Por ejemplo, para diseñar nuevos esquís Nike.
La idea parece buena. Ambas partes salen beneficiadas. Pero la cosa no parece tan halagüeña cuando los resultados obtenidos no son los esperados por la marca comercial o éstos pueden dañar su imagen de algún modo.
Es el caso de una investigación encargada a la doctora Betty Dong, de la Universidad de California en San Francisco, que aceptó llevar a cabo un estudio acerca de las diferencias entre un medicamento de marca respecto a uno genérico. La investigación fue financiada por la empresa farmacéutica Boots (que ahora se llama Knoll) y la propia universidad.
