Cuando tratas de explicar a un lego en neurobiología por qué se enamora desde el punto de vista de aflujos químicos y demás, enseguida puede salirte con esa serie de tópicos que casi todos llevamos por bagaje: eso es muy frío, hay algo más, estás biologizando al ser humano…
Pero de un tiempo a esta parte, la crítica por antonomasia es que estás siendo reduccionista, como si con ese adjetivo te estuvieran llamando corto de miras, tramposo o ilógico.
Nada más lejos de la verdad.
Lo cierto es que la palabra “reduccionismo” ni siquiera tiene un significado claro. Por ejemplo, podemos decir que una disciplina científica se reduce a otra. La química se reduce a la física, la biología se reduce a la química, las ciencias sociales se reducen a la biología, etcétera. Y también es posible, poco a poco, unificar la química, la biología, la física e incluso las ciencias sociales.
Porque la sociedad está formada por seres humanos. Los seres humanos son mamíferos que se rigen por principios biológicos que se extienden a todos los mamíferos. Los mamíferos, a su vez, están formados por moléculas que obedecen a las leyes de la química y ésta, a su vez, a las reglas de la física subyacente.
