En la anterior entrega de este artículo os explicaba los detalles de El arca de Noé del siglo XXI: La bóveda global de semillas de Svalbard. Sin embargo, no todo el mundo percibe este proyecto de forma optimista. Expongamos, pues, los principales controversias que ha generado.
Dejando a un lado el problema de saber cuántas semillas serán capaces de adaptarse en un nuevo escenario postapocalíptico (tras el calentamiento global o una lluvia radioactiva generada por la guerra nuclear, por ejemplo), algunos opinan que la bóveda crea un falso sentido de seguridad.
Es el caso, por ejemplo, de los miembros del Proyecto de Bioseguridad de Puerto Rico, organización formada en mayo de 2004 para educar a la ciudadanía sobre las implicaciones éticas, ecológicas, políticas, económicas y de salud pública de los cultivos y productos genéticamente alterados. En su blog se plantea que uno de los mayores escollos de esta filosofía de preservación de la biodiversidad aparece a nivel estratégico.

Si viajais muy al norte, cuando apenas faltan mil kilómetros para llegar al Polo Norte, os encontraréis con Svalbard, un lugar tan aislado que parece de otro mundo. Pero allí vive gente. Y también hay otra cosa. La ya llamada Bóveda del fin del mundo.
El archipiélago noruego de Svalbard, conocido por muchos como “la Perla del Ártico”, es un lugar remoto y extraño situado entre los 74º y los 80º Norte. Longyearbyen, su capital, es el sitio habitado más próximo al Polo Norte geográfico.