Tengo un amigo que nunca terminó sus estudios (de hecho le cuesta leer con fluidez) y que cuando habla es algo dislálico, adoleciendo de un vocabulario irregular, donde se mezclan términos pedantes con vulgarismos. Pero lo peor viene cuando escribe. En ocasiones, la gente necesita una piedra Rosseta para descifrar sus jeroglÃficos. Por ello, siempre me creà especial cuando estaba con él: yo era capaz de ver un sustrato interesante en aquel guirigay, decodificaba cierta clase de poesÃa en su jerigonza altisonante.
Con esto quiero decir que, a pesar de su evidente dislexia, siempre me pareció un tipo que razonaba a un nivel por encima de la media. Recientemente, la neurociencia parece estar hallando cada vez más pistas sobre una posible relación entre la genialidad y la dislexia.
Por ejemplo, genios de la ciencia como Thomas Edison, Leonardo da Vinci o Albert Einstein podrÃan haber padecido diferentes grados de dislexia.

Es bastante conocida la idea de que poner música clásica a los bebés y a los niños de menos de tres años puede incrementar la inteligencia de éstos. Es lo que se llama Efecto Mozart.
En un mundo cada vez más competitivo, complejo y lleno de vertiginosos cambios, cada vez más gente desea aumentar su inteligencia. Pero ¿realmente se puede aumentar la inteligencia?