Todos hemos leído lo rica intelectual y artísticamente que era la cultura de la antigua Grecia, pero apenas hemos prestado atención a lo que ocurría 10.000 km más al este, en China.
En astronomía, literatura, pintura, alfarería, tecnología militar y administración pública, los logros chinos se equipararon a los griegos. Pero en fundición de hierro, ingeniería civil y agricultura, incluso estaban muy por delante de ellos.
En definitiva: si un filósofo griego del siglo I a. C. hubiera podido ser transportado a China, se habría asombrado al descubrir su nivel tecnológico: arados con partes completamente hechas de hierro, perforaciones profundas en busca de salmuera o gas natural, fabricación de acero a partir del hierro colado, producción en masa de ballestas y arneses, etc.
En ese sentido, si hubiéramos hecho más caso a los chinos, ahora quizá Leonardo da Vinci hubiese sido destronado por Zhan Heng, un científico nacido en Nanyan, en la China central, en el año 78 d. C.
A los 17 años abandonó su tierra natal y se dirigió a Chang´an, ciudad en la que varias dinastías tuvieron su capital. Allí visitó sus lugares de valor histórico y cultural, e investigó las costumbres y tradiciones de varias etnias, así como su desarrollo socioeconómico.
