
Merendando tranquilamente nuestra leche con galletas, asistimos a lo que se prevé una interesante discusión entre nuestra tía y nuestra abuela.
Al parecer, nuestra tía intenta desesperadamente convencer a su madre de que le deje salir a dar una vuelta con esa amiga nueva que ha hecho. La que se pinta los ojos y viste como una chica mayor.
Nosotros no lo entendemos, sólo tenemos 8 años.
Pero vemos que nuestra abuela, lista como nadie, le prohíbe que lo haga bajo una deducción que sólo las abuelas y las madres experimentadas saben hacer: “Tú no sales con esa, que no tiene cara de nada bueno”.
¿Prejuicios de nuestra querida abuelita?
Pues según Naomi Tickle y su multitud de compañeros del Centro Internacional de Personología, lo que hacía Encarna era aplicar ciencia. Y sin necesidad de haber ido a ninguna universidad, por supuesto.
