
Desde pequeños se nos ha dicho que somos los responsables de los actos que realizamos. Ya sea por haber robado una golosina en la librería de al lado de casa, o por haber sacado un sobresaliente en matemáticas, la reflexión que se nos pedía era observar que el resultado venía de nuestras decisiones.
Pero conforme avanza la investigación en distintos campos de la neurociencia, parece extenderse la idea de que cada vez somos menos responsables de nuestras decisiones, y más bien hacemos lo que hacemos porque estamos “destinados” a hacerlo.
El caso más reciente del que se habla en la actualidad es el gen AVPR1A, relacionado con la capacidad de un animal para permanecer monógamo.
Según parece, los investigadores han descubierto en sus experimentos que los hombres que tienen la variante 334 de este gen tenían más problemas para estar bien con su pareja, o sencillamente serle fiel.
Aún así, también aclaran que esta variante genética es una pequeña parte del proceso que sigue una persona para relacionarse con el resto, por lo que el efecto del alelo 334 es modesto.
Otros estudios sobre la influencia de nuestro organismo en nuestro comportamiento están centrados en el comportamiento agresivo.


