
No todas las consecuencias de la crisis están siendo negativas. Al menos, está sirviendo para darle un pequeño respiro a la Tierra. Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, estamos ante el mayor descenso en emisiones de gases invernadero de las últimas cuatro décadas.
Según las estimaciones de este organismo, este año se producirá un descenso del 2,6 % en las emisiones. Por comparar, en la crisis del petróleo de 1981 el descenso de emisiones fue del 1,3 %, es decir, la mitad. El buen dato ha sorprendido en el mundo de la lucha contra el cambio climático, aunque hay que recordar que es una situación coyuntural.
La principal razón del descenso es la caída en la producción industrial debida a la crisis económica. Además, la construcción de centrales térmicas se ha frenado por completo. El giro en la política medioambiental en Europa, China y Estados Unidos también aporta su granito de arena.

La Corte Suprema de Estados Unidos ha ordenado a George Bush que revise su política ambiental, ya que dicha política está contribuyendo peligrosamente al cambio climático. Bush se ha negado sistemáticamente a regular el control de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), alegando que no se ha demostrado una relación directa entre las emisiones de CO2 y el calentamiento global.
Esta semana, tal como ha recogido Genciencia, el Grupo Intergubenamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ha elaborado un nuevo trabajo cuyas conclusiones no podían ser más pesimistas: “en el 2050 habrá millones de refugiados como consecuencia de las inundaciones y las sequías”.