El caso más popular fue el conocido como Eddie. Con 5 años ya tocaban estupendamente el piano. Su aspecto era hueso y quebradizo, y era más pequeño de lo normal. Usaba gafas de gran graduación y tenía dificultades para caminar. Además, sufría ecolalia: cuando se le hablaba, básicamente repetía lo que oía. Cuando Miller invitó a Eddie a tocar el piano, Eddie se transformó frente a sus ojos en una persona completamente distinta.
Eddie había subido rápidamente a la banqueta e, inclinando la cabeza hacia atrás, a la manera de los genios que están siendo invadidos por la inspiración, había dejado que sus dedos bailaran armoniosamente sobre las teclas. Interpretó Noche de paz con una técnica perfecta, y en los bajos sonó una hermosa figura arpegiada. Como los dedos cuarto y quinto de sus dos manos eran débiles, Eddie los usaba reforzándolos con otros dedos, para no perder la firmeza necesaria.

Todos conocemos a genios de la música. Wofgang Amadeus Mozart es el paradigma excéntrico y genial.