Antes de empezar, es necesaria una aclaración terminológica. Los biólogos acostumbran a usar rasgos netamente humanos para describir ámbitos animales. Esto se hace por dos razones: para facilitar la comprensión gracias a la analogía que origina la palabra y por economía verbal.
Por ejemplo, el término “asesinato”. Obviamente, no podemos considerar que un animal ha “asesinado” a sus crías bajo ningún concepto, si atendemos en puridad a la acepción de la palabra. Los animales no saben lo que están haciendo: no hay intención, deliberación, alevosía.
O en el caso de la palabra “violar”. Quizá este término tiene una excesiva carga emocional que no puede darse en el reino animal. Pero no existe una palabra que describa una copulación forzada entre no humanos, de modo que se usa a pesar de todo. Decir “violación” en vez de “copulación forzada” no es relevante cuando hablamos de etología.
Dejado esto claro, hablemos de la violación. La violación animal.

El investigador Boris Cyrulnik, etólogo clínico, además de neurólogo y psiquiatra, es el padre de la teoría de la resiliencia, según la cual una infancia infeliz no determina la vida posterior.
En muchas especies animales los individuos realizan actos concretos en favor del bienestar de la comunidad. Estos comportamientos han sido descritos muchas veces en distintas especies de monos. Para algunos investigadores, este tipo de comportamientos sociales, muy evidentes entre los chimpances, podrían considerarse precursores de la moralidad humana.