
Es una curiosidad, pero afecta hasta a un 25% de los seres humanos, especialmente a la raza caucásica. Es el reflejo de estornudo fótico, o síndrome autosómico dominante de irrupción compulsiva helio-oftálmica (síndrome ACHOO), y consiste en que los afectados, ante una luz potente, pueden presentar estornudos encadenados, similares a los que se producen en los alérgicos.
El ACHOO, a pesar de compartir una clínica similar, no se trata de una alergia, que se debe a un mecanismo inmunológico muy claro. El reflejo de estornudo fótico se debe a un estímulo nervioso anómalo.
Los seres humanos tenemos 12 pares craneales, es decir, 24 nervios que salen directamente del cráneo y que son responsables de la sensibilidad y movilidad de la cara y de buena parte de los estímulos involuntarios de todo el cuerpo. Este fenómeno, los estornudos producidos por la luz, se deberían a algo similar a un “cruce” o “interferencia” entre los estímulos conducidos por dos de estos pares craneales: el nervio óptico (o par craneal II) y el nervio trigémino (o par craneal V).
