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contagio social

Cómo se contagia el Mal

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El juicio moral que nos permite juzgar a los demás reside una región específica de nuestro cerebro. Y como demuestra una reciente investigación de Neurocientíficos del MIT liderados por Rebeca Saxe, basta con perturbar esa parte del cerebro para que la gente tenga un juicio moral diferente o más laxo.

En estudios previos se había mostrado que la región cerebral conocida por unión parietal temporal (o TPJ en sus siglas inglesas) se activaba fuertemente cuando pensamos acerca de las intenciones de los demás, sus pensamientos o creencias, que es el modo que tenemos para deducir si la otra persona está actuando bien o mal (por ejemplo, aquella persona acaba de agredir a otra: ¿ha sido para defenderse, ha sido por odio, ha sido por equivocación, etc.?).

En esta nueva investigación se perturbaron temporalmente la actividad de TPJ mediante la inducción de una corriente el cerebro, inducción que se conseguía gracias a la aplicación de un campo magnético desde el exterior del cráneo. Liane Young afirma lo siguiente tras conocerse los resultados:

Normalmente se piensa que la moralidad forma parte de un comportamiento de elevado nivel. Ser capaz, con un campo magnético aplicado a una región específica del cerebro, de cambiar esto es realmente pasmoso.

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El EPM: Enfermedad Psicogénica Masiva

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En el artículo anterior os hablaba de un ataque masivo de risa contagiosa. Esta clase de contagios emocionales se llaman enfermedad psicogénica masiva, y se trata de un fenómeno específicamente social que afecta a personas sanas que entran en una especie de cascada de contagio psicológico.

Hay dos tipos fundamentales de EPM:

El tipo ansiedad pura: los afectados pueden sentir síntomas físicos, incluidos dolor abdominal, dolor de cabeza, desmayos, falta de aire, arcadas, etc.

El tipo motor: los afectados se pueden dejar llevar por un baile histérico, falsos ataques epilépticos y ataques de risa.

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El extraño caso del ataque de risa contagioso masivo

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Uno de mis gags favoritos de Monty Phyton ocurre en las trincheras de la Segunda Guerra Mundial, cuando emplean el Chiste Más Divertido del Mundo para matar al enemigo de risa. Por supuesto, los soldados deben contarse en chiste entre sí en pequeños fragmentos para que no les produzca el ataque mortal de risa.

Algo parecido a eso es lo que ocurrió en Tanzania en 1962, en un internado femenino de una misión del distrito de Bukoba. De repente, entre las colegiales, brotó una epidemia de risa contagiosa… que afectó a 1.000 personas.

El ataque de risa duraba entre unos minutos hasta unas horas. A continuación seguía una fase de conducta normal y, por último, se producían arias recaídas a lo largo de un periodo que podía llegar a los 16 días. Afortunadamente, no hubo ningún caso mortal.

Los médicos que examinaron el brote descubrieron que todos los pacientes habían mantenido un contacto reciente con otra persona que ya padecía la dolencia. También se trataron de descubrir las causas biológicas de esta singular epidemia, llevando a cabo pruebas de laboratorio, exámenes físicos y punciones lumbares, así como el examen de los alimentos en busca de toxinas.

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Si te rodeas de delincuentes, acabarás delinquiendo

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La frase “dime con quién andas y te diré quién eres” adquiere un significado más profundo a la luz de diversas investigaciones sobre el contagio social. Ya no es que una persona se suela rodear de gente parecida a ella, sino que la gente que le rodea puede moldear más de lo que creemos cómo será finalmente esa persona.

Un ejemplo muy ilustrativo de esta afirmación es el relativo a la difusión interpersonal del comportamiento delictivo.

Y es que a poco que busquemos algún patrón en la delincuencia descubriremos que no hay apenas patrones. La delincuencia varía mucho en el tiempo (cambia de año en año) y también en el espacio (varía entre jefaturas y comisarías adyacentes).

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