El juicio moral que nos permite juzgar a los demás reside una región específica de nuestro cerebro. Y como demuestra una reciente investigación de Neurocientíficos del MIT liderados por Rebeca Saxe, basta con perturbar esa parte del cerebro para que la gente tenga un juicio moral diferente o más laxo.
En estudios previos se había mostrado que la región cerebral conocida por unión parietal temporal (o TPJ en sus siglas inglesas) se activaba fuertemente cuando pensamos acerca de las intenciones de los demás, sus pensamientos o creencias, que es el modo que tenemos para deducir si la otra persona está actuando bien o mal (por ejemplo, aquella persona acaba de agredir a otra: ¿ha sido para defenderse, ha sido por odio, ha sido por equivocación, etc.?).
En esta nueva investigación se perturbaron temporalmente la actividad de TPJ mediante la inducción de una corriente el cerebro, inducción que se conseguía gracias a la aplicación de un campo magnético desde el exterior del cráneo. Liane Young afirma lo siguiente tras conocerse los resultados:
Normalmente se piensa que la moralidad forma parte de un comportamiento de elevado nivel. Ser capaz, con un campo magnético aplicado a una región específica del cerebro, de cambiar esto es realmente pasmoso.

En el artículo anterior os hablaba de un ataque masivo de risa contagiosa. Esta clase de contagios emocionales se llaman enfermedad psicogénica masiva, y se trata de un fenómeno específicamente social que afecta a personas sanas que entran en una especie de cascada de contagio psicológico.
Uno de mis gags favoritos de Monty Phyton ocurre en las trincheras de la Segunda Guerra Mundial, cuando emplean el Chiste Más Divertido del Mundo para matar al enemigo de risa. Por supuesto, los soldados deben contarse en chiste entre sí en pequeños fragmentos para que no les produzca el ataque mortal de risa.
La frase “dime con quién andas y te diré quién eres” adquiere un significado más profundo a la luz de diversas investigaciones sobre el contagio social. Ya no es que una persona se suela rodear de gente parecida a ella, sino que la gente que le rodea puede moldear más de lo que creemos cómo será finalmente esa persona.