El ser humano es medio ciego, medio sordo y medio tonto porque… bien, porque, con esas condiciones, tuvo suficiente para sobrevivir. Sobrevivir, reproducirse y permitir que los hijos hereden esas características tan limitadas aunque suficientes para seguir adelante.
De algún modo es como si el proceso evolutivo dijera: bueno, a pie tardaremos una semana en llegar a aquella montaña, pero tampoco hay prisa. Lo importante es que vayas andando, comiendo algo por el camino y, sobre todo, reproduciéndote con los miembros del sexo contrario que te encuentres a fin de que tus hijos, cuando tú mueras, puedan seguir el camino. De hecho, ni siquiera es relevante que llegues a algún sitio. ¿Para qué voy a dotarte de alas?
Por esa razón la ciencia diseñó las alas artificiales y, con un aeroplano, llegó a la cima de aquella montaña. Ya no dependía de las reglas de la naturaleza. La ciencia nos hizo volar, literal y metafóricamente.

Ésta es la gran paradoja de las ciencias sociales: que son más difíciles pero parecen más fáciles que la física o la química. Como dice Edward O. Wilson, esta familiaridad confiere comodidad, y la comodidad engendra descuido y error.