Pese a la expresión “sudar como un cerdo“, se ha demostrado recientemente que los cerdos no sudan. A diferencia con el ganado vacuno, las cabras y las ovejas, el cerdo tiene un sistema ineficaz para regular su temperatura corporal.
El cerdo se ve obligado a humedecer su piel en el exterior para compensar la falta de pelo protector y su incapacidad para sudar. Prefiere revolcarse en lodo limpio y fresco, sin embargo debe cubrir su piel con su propia orina y heces si no dispone de otro medio.
Por debajo de los 84º F, los cerdos que permanecen en pocilgas depositan sus excrementos lejos de sus zonas de dormir y comer, mientras que por encima de los 84º F comienzan a excretar indiscriminadamente en toda la pocilga.
En otras palabras: cuanto más elevada es la temperatura, más “sucio“ se vuelve el cerdo. O más cerdo se vuelve el cerdo, según la cultura popular.
