Si sumáramos todos los zoológicos del mundo, apenas conseguiríamos albergar unas 2.000 especies de mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Actualmente sabemos que existe un total de 24.000. Y si hablamos de jardines botánicos, las cifras son más desoladoras: hay un cuarto de millón de especies de plantas.
Además, en el caso de que se consiguieran salvar especies animales que están a punto de extinguirse (por ejemplo guardando una biblioteca de embriones congelados), luego resulta muy dificultoso introducirlas de nuevo en ecosistemas que han sido esquilmados.
Aunque se pongan de nuevo las especies juntas, el ecosistema no vuelve a funcionar, sobre todo si hablamos de comunidades tan complejas como las selvas tropicales.

A menudo asistimos a una indiferencia o un desdén manifiesto por parte de los personajes públicos ante la noticia de que una especie se ha extinguido, o que actualmente se extinguen más especies que antes; o incluso se analiza bajo el prisma de la sorna cualquier defensa de determinado animal en vías extinción.