Hace apenas una década, lo habitual era acudir a unos grandes almacenes los domingos (a ser posible con toda la familia y vestido con un chándal) para hacer la compra semanal. De un tiempo a esta parte, se ha estandarizado el uso de Internet par ir al Súper, y también para comprar toda clase de artículos: el sueño de cualquier agorafóbico.
El próximo salto cuántico llega de la mano de una “impresora de cosas”.
Esta impresora tridimensional, que podría funcionar en poco tiempo, no sólo podría estampar información en tinta sobre papel, como hasta ahora, sino que también será capaz de imprimir objetos de nuestro gusto: o más bien las piezas del rompecabezas que constituye el objeto de nuestro gusto, siguiendo la filosofía de Ikea del “hágaselo usted mismo y disfrute”.
Cualquier cosa sería posible: un teléfono móvil, un secador de pelo, una máquina de afeitar… bastaría con escoger el modelo en Internet y ponerlo a imprimir.
