Acciones ideomotoras: cosas parece que hacemos pero que no hacemos

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En los años 1930, el físico estadounidense Edmund Jacobson descubrió algo muy curioso cuando pedía a las personas que imaginaran que llevaban a cabo acciones físicas. Tras equipar a dichas personas con sensores que registraban la actividad eléctrica de sus músculos, Jacobson descubrió que había un cambio en los músculos cuando se pensaba en determinadas cosas que comprometieran a los músculos.

Por ejemplo, si el participante imaginaba que levantaba los brazos, el sensor registraba una reducida, pero real, actividad en sus bíceps. Si se imaginaban levantando un peso, entonces la actividad muscular era mayor.

El fenómeno también tenía lugar en los músculos de las piernas. E incluso en los músculos de la cabeza. Si los participantes imaginaban la Torre Eiffel, entonces los ojos se movían hacia arriba. Si debían recordar un poema, se les movía la lengua.

Cuando leo cómo funcionan las acciones ideomotoras, mi legendaria vagancia entra en escena: quizás solo hará falta que imagine que haga deporte, así no tendré que salir a la calle a correr con la bicicleta. Pero no, para obtener los beneficios del deporte hay que salir a la calle: afortunadamente, hay varios motivos que me incentivan a usar la bicicleta como medio de transporte, de entrenamiento y hasta como forma de viajar. Concretamente 10.

Richard Wiseman profundiza en las acciones ideomotoras en su libro ¿Esto es paranormal? para explicar cómo es posible que se produzca el movimiento de un vaso en una tabla de Ouija, así como en otros ámbitos:

Estudios más recientes han indicado que estas acciones inconscientes ocurren con regularidad. Pensamos en pasar la página de un libro y los músculos de los dedos se nos empiezan a desplazar hacia el margen de la página. Nos preguntamos qué hora es y la cabeza se nos orienta hacia el reloj. Pensamos en prepararnos una taza de café y nuestras piernas entran en acción. A pesar de que hay cierto debate sobre la causa de las acciones ideomotoras, la mayoría de los investigadores creen que obedecen a que nuestro cuerpo se está preparando para el comportamiento previsto. Basta con un mero pensamiento para que el cuerpo ponga suavemente el pie en el acelerador a fin de estar más preparado para reaccionar cuando llegue el momento.

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