Los mitos del desastre del Challenger

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La tripulacion del Challenger


Mañana, 28 de Enero, hace veinte años del desastre del Challenger. El día del accidente, y muchos después, datos y noticias se daban a conocer relacionados con la desgracia, y los espectadores del momento (yo tenía menos de 10 años) o bien no entendíamos qué había pasado, o bien decían que era una barbaridad, una pena que la nave hubiera explotado. Menos mal que por lo menos, la gente no había sufrido.

Hoy se saben más cosas del accidente, por ejemplo, que se pudo haber evitado. Pero ¿sería posible que las presiones políticas de la época para sacar adelante un proyecto como ese aún a riesgo de que no estuviese listo y, por tanto, fuera seguro, fueron determiantes para preparar la catástrofe que acabó con la vida de siete personas? Personas antes que científicos, astronautas o héroes, término que a los americanos les encanta para tapar escándalos o la ineptitud de ciertos sectores de su sociedad…

En esta nota especial previa al aniversario del accidente, os contaremos cómo la verdad es muy habitualmente deformada a sabiendas, o inconscientemente. Una nota en slashdot me llevó al documento en el que se desmienten los mitos asociados al Challenger…

El primer mito que parece ser mentira es que toda la nación (estadounidense, claro) vio en directo el accidente. Según James Oberg, analista de noticias relacionadas con el espacio de a NBC, en los tiempos en que el Challenger tuvo el accidente, el cable no estaba tan arraigado en las casas y entre la población como para que, tan temprano por la mañana, toda la población estuviese pegada al televisor. Además, las cadenas cortaron la emisión en directo en el momento crítico y pasaron a poner unas grabaciones.

El Challenger explotó. No es cierto. El Challenger se destruyó en el momento de alcanzar, a más de 300 km/h el agua del océano. La explosión que se vio por televisión no fue ni siquiera una explosión como tal, ya que no hubo ni onda expansiva, ni el supuesto estruendo. El oxígeno líquido y el hidrógeno que escaparon de los tanques se inflamaron, y esto fue confundido con una explosión. Cuando esto ocurrió, el Challenger y los cohetes se separaron y, posteriormente, el cohete sí que explotó. Esto nos lleva al tercer mito roto, los ocupantes del transbordador no murieron al instante, ya que no hubo explosión. A los 2:45 minutos después de la rotura, el transbordador alcanzó la superficie del océano y, a causa de la deceleración (unos 200 G de deceleración), la cabina y el transbordador en general quedaron aplastados completamente, y este es el momento más plausible de la muerte de los ocupantes. Se cree que podrían estar sin conocimiento en el momento de impactar con el agua, pero eso es algo que no se puede conocer con exactitud. Esto fue, como quién sabe cuantas cosas, oculto por la NASA.

El tan traido y llevado tema de las presiones políticas para adelantar el lanzamiento ha sido, al parecer, desmentido, o al menos sin fundamento. El propio Richard Feynman dijo que no había razones para sostener tal rumor. Otra cosa es la afirmación de que el accidente del Challenger es el precio a pagar por el adelanto tecnológico. Esto no es más que u patético intento por cubrir de tierra la incompetencia de los ingenieros que coordinaban, entre otras, las tareas de reemplazo del famoso O-ring que fue causa del accidente. En realidad, con los conocimientos actuales y con un poquito de sentido común, el incidente podría haber sido evitado, y no convertido en una cortina de humo sobre los hechos reales que llevaron a la muerte a la tripulación. Y eso de que el progreso tiene su precio es, siempre, muy relativo.

Vía | Slashdot
La noticia completa en MSNBC

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