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El día en que la fe disminuyó y vinieron los espíritus a renovarla (II)

El día en que la fe disminuyó y vinieron los espíritus a renovarla (II)
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Tal y como os adelantaba en la primera entrega de esta serie de artículos, lo que alimentó de nuevo la fe de unos creyentes en una religión maltrecha y unas pseudociencias un tanto ridículas (del tipo un hombre es capaz de alimentar a 5.000 personas con solo 5 barras de pan y 2 peces), ocurrió en 31 de marzo de 1848 en la aldea de Hydesville, a unos 30 km de Rochester, Estado de Nueva York.

Lo explica mejor que yo Richard Wiseman en su libro ¿Esto es paranormal?:

En diciembre de 1847, John y Margaret Fox se trasladaron a una casita a las afueras de la aldea con sus dos hijas, Kate, de once años, y Margaretta, de catorce. Durante los primeros meses la vida de la familia Fox se vio alterada por una serie de extraños sucesos. Los armazones de las camas y las sillas empezaron a temblar, se oían pisadas fantasmales por toda la casa y en una ocasión todo el suelo de la propiedad vibró como una gigantesca piel de tambor. Como las indagaciones de John y Margaret no permitieron explicar aquellos sucesos aparentemente sobrenaturales, se vieron obligados a concluir que su nuevo hogar estaba encantado por un “espíritu inquieto y atormentado.

La noche del 31 de marzo de 1848, el fenómeno se repitió, pero esta vez la joven Kate decidió comunicarse con el espíritu, a base de golpes. Y lo consiguió. Descubrió así que el espíritu pertenecía a un hombre de 31 años que había sido asesinado en aquella casa pocos años antes de la llegada de la familia y cuyos restos mortales permanecían enterrados en el sótano.

Obviamente, en el sótano nunca se encontraron restos de nadie. Pero ello no fue óbice ni cortapisa para que el rumor se extendiera como la pólvora por los pueblos aledaños, trayendo a cientos de personas a Hydesville para oír los golpes secos del espíritu en primera persona.

En Rochester, Isaac Post, viejo amigo de la familia y cuáquero convencido, tuvo una idea:

El código de los golpes era una forma de obtener información procedente de los espíritus que requería bastante tiempo y a veces resultaba confusa. Isaac se preguntaba si sería posible crear un tipo de comunicación más preciso. Una día, al anochecer, invitó a Margaretta a su casa y le preguntó si le importaría experimentar con un nuevo sistema. Escribió las letras del alfabeto en pedazos de papel y explicó a los espíritus que formularía una pregunta y luego iría señalando todos los trozos de papel, uno tras otro. Para comunicar cualquier cosa que les viniera a su descarnada mente, los espíritus sólo necesitaban hacer un golpe seco cuando él señalara la letra adecuada.

Se había inventado el primer atisbo de tabla Ouija, y el primer mensaje de la historia transcrito de tal forma fue tal que éste:

Queridos amigos, debéis proclamar esta verdad al mundo. Éstos son los albores de una nueva era. No pretendáis ocultarla por más tiempo. Cuando cumpláis con vuestra obligación, Dios os protegerá y los espíritus bondadosos velarán por vosotros.

Isaac quedó tan convencido del mensaje (de nuevo no importaba investigar cómo era posible el mensaje, no importara el someterlo a verificación, al filtro de algún ensayo de doble ciego, etc.) que abrazó con entusiasmo la nueva religión del “Espiritualismo”.

Pero ¿por qué el Espiritualismo tuvo un éxito repentino tan apabullante? Lo veremos en la tercera y última entrega de esta serie de artículos.

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