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La isla que aparece y desaparece... aparece y desaparece... aparece y desaparece

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Hay lugares que ya han desaparecido, plop, pero que pueden aparecer de nuevo en cualquier momento. Lugares que aparecen y desaparecen, como espejismos, intermitentemente. Es el caso de una pequeña isla de Sicilia, a 19 millas al sur de la costa, hundida a unos 8 metros bajo el nivel del mar.

Según los vulcanólogos, sin embargo, la isla podría volver a emerger en cualquier momento. Cuando esto ocurra, frente a Sicilia aparecerá un nuevo islote: en ese sentido, nada traumático, sólo habrá que cambiar algunos mapas, añadiendo un simple punto. No obstante, la aparición de esta isla podría desencadenar un conflicto diplomático.

Y es que la isla, como una criatura viva, no es la primera vez que asoma la cabeza. En los últimos 2.000 años ya ha emergido en 4 ocasiones. La última vez fue el 2 de julio de 1831, cuando una erupción volcánica incrementó la materia sólida de la isla en 63 metros de altura y 4,8 kilómetros de circunferencia. Y ya se sabe que las más insignificantes en mitad del mar suele atraer los afanes territoriales de las naciones: ahí tenemos el ejemplo de nuestra Isla Perejil, que desencadenó la que posiblemente fue la mayor respuesta bélica de la historia en proporción al tamaño de roca cuya nacionalidad se quería preservar. El casi de esta isla frente a Sicilia es parecido. Ese 2 de julio de 1831 enfrentó a Inglaterra, Francia y el Reino de Sicilia.

Así pues, para los ingleses, la isla se llama Graham (en honor a un político inglés que había ayudado a redactar la constitución siciliana de 1812), pues en ella, durante una expedición británica de principios de agosto comandada por el capitán Senhausen, fue plantada una bandera inglesa. Pero el mismo mes, el monarca siciliano bautizó la roca con el nombre de Ferdinandea (como podéis imaginar, el nombre del monarca era Fernando II de Borbón). Y un mes después, en septiembre, los franceses lanzaron otra expedición dirigida por un geólogo, el profesor Prevost, que adjudicó un tercer nombre a la isla: Ille Julia, pues la isla había “nacido” en julio.

Pocos meses después, esta isla con triple personalidad volvió a hundirse lentamente en el Mediterráneo, evitando así el más que probable conflicto entre las tres partes. Sólo era un trozo de tierra de 5 kilómetros de circunferencia que tenía un par de pequeños lagos, pero había estado llenando páginas de los periódicos y atrayendo a turistas y curiosos mientras había permanecido sobre la superficie del mar. Incluso se conjetura que la efímera isla sirvió de inspiración a dos grandes escritores: a Julio Verne para su obra Las grandiosas aventuras del maestro Antifer y a Alejandro Dumas para Le Spéronare. El 7 de noviembre sólo tenía un perímetro inferior a medio kilómetro. El 17 de diciembre de 1831 se esfumó completamente.

Así pues, el conflicto aplazado puede retomarse en cuanto la isla vuelva a emerger tímidamente. Para curarse en salud, un equipo de submarinistas sicilianos, alertados por la actividad sísmica registrada por el Instituto Italiano de Geofísica que puede prevenir la materialización de la isla evanescente, ya ha clavado una bandera italiana en su cumbre. De modo que si esta Atlántida de quita y pon asoma de nuevo, lo primero que saldrá a la vista será la bandera.

Tal vez, para evitar males mayores, la isla debiera haber sido destruida totalmente en 1987, cuando un piloto estadounidense, durante el conflicto libio, confundió la punta emergida del islote con un submarino y decidió lanzar cargas de profundidad sobre ella. Pero la isla sobrevivió, dispuesta a poner a prueba nuestras pequeñas obsesiones por delimitar políticamente hasta el último rincón del planeta.

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