¿Qué pasaría si dos países se lanzaran mutuamente 100 bombas nucleares del tamaño de la de Hiroshima?

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El lanzamiento de 100 bombas nucleares de 15 kilotones cada una (el tamaño de la de Hiroshima) entre dos naciones se halla dentro de la capacidad de muchos países nucleares emergentes. Y, si bien 100 bombas de ese tamaño no parece demasiado, los resultados serían catastróficos, sobre todo en las ciudades más densamente pobladas.

Por ejemplo, India y Pakistán podrían sufrir 12 millones y 9 millones de muertes inmediatas, respectivamente. Si el ataque se dirigiera a Reino Unido, habría casi 3 millones de víctimas inmediatas.

Son cálculos realizados por Alok Jha en su libro 50 maneras de destruir el mundo:

En el escenario de 100 cabezas nucleares, los incendios resultantes generarían más de 5 millones de toneladas de humo negro de hollín. Este humo flotaría hasta las capas altas de la atmósfera, el sol lo calentaría y terminaría siendo transportado a todo el mundo. Las partículas absorberían la luz solar, impidiéndole llegar a la superficie, lo que tendría como consecuencia un rápido enfriamiento de la Tierra en un promedio de 1,25 ºC. “Esto sería más intenso que la pequeña edad de hielo, el cambio climático más importante de la historia humana”, afirmaba Alan Robock, un climatólogo de la Universidad de Rutgers.

El humo no permanecería en la alta atmósfera durante solo un año, como se ha previsto con modelos informáticos antiguos, sino que se estima que permanecería mucho más tiempo, y el clima quedaría afectado durante diez años a partir del conflicto inicial.

La probabilidad de que pase algo así es más elevada ahora que antes, cuando solo había dos bandos en jaque. Actualmente, nueve naciones disponen de más de 25.000 cabezas nucleares en conjunto: Rusia, Estados Unidos, Francia, China, Reino Unido, Israel, Pakistán, India y Corea del Norte.

También en una reunión de la Unión Geofísica Americana celebrada en San Francisco en 2006, Richard Turco, de la Universidad de California-Los Ángeles, señaló que la detonación de entre 50 y 100 bombas (un mero 0,03 % del actual arsenal mundial) lanzaría suficiente hollín a la atmósfera como para crear anomalías climáticas sin precedentes en la historia.

Además, la capaz de ozono, que protege la superficie de la Tierra de la perjudicial radiación ultravioleta, quedaría reducida un 40 por 100 sobre numerosas zonas habitadas, y hasta un 70 por 100 en los polos.

Nos queda el alivio (con muchas comillas) de que si es Francia quien recibe el ataque, uno de los mayores iconos populares, la Torre Eiffel, si bien caería en París (como sucede en muchas películas catastróficas), nos quedarían decenas de copias redundantes a lo largo del mundo.

Y por si os sigue pareciendo poco lo de 100 cabezas nucleares como las de Hiroshima, imaginaos la explosión teniendo en cuenta que una sola bomba causó los siguientes estragos en Hiroshima que describe un tanto poéticamente Miguel Ibáñez en su libro pOp cOntrOl:

Primero un gran fogonazo, una inmensa bola de fuego. La onda expansiva provocó ciclones, muriendo mucha gente aplastada (lanzada a grandes distancias) o con las vísceras reventadas. Un calor intenso achicharró la piel desprotegida en cuatro kilómetros a la redonda del punto cero. La diferente absorción del calor por parte de los colores produjo que las partes más oscuras de los vestidos se chamuscasen mientras las más claras no lo hicieron o lo hicieron con menor intensidad. Mujeres con vestidos estampados quedaron literalmente “tatuadas” con rastros de los dibujos en la piel. Al tratarse de un bombardeo de rayos de calor, hubo casos de gente a la que se quemó con mayor intensidad un lado de la cara, según la orientación y la explosión: el lado expuesto directamente a la radiación se abrasó, mientras que el otro perfil no tanto. En un kilómetro de radio desde el punto cero, la gente murió carbonizada o volatilizada, dejando sólo una huella, como una sombra humana. (…) Al fogonazo inicial y al calor le siguió un gran estallido; la onda expansiva partió desde la gran bola de fuego con una fuerza aproximada de unos setecientos kilómetros por hora, derribándolo todo y convirtiendo cristales, maderas, tejas y otros objetos en potencial metralla. Se produjeron miles de incendios a causa del calor (en el punto cero se llegó a los cuatro mil grados), las explosiones y la destrucción de instalaciones y casas. Lo que acabo de narrar pasó en cosa de segundos.

Para seguir adquiriendo un poco de perspectiva, no os perdáis el artículo ¿Cuál sería el radio de acción de una detonación atómica en el centro de Madrid?

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