A pesar de las apariencias, a pesar de que un capo verde ácido nos pueda parecer mucho más acorde con la naturaleza que una ciudad atestada de rascacielos, lo cierto es que la vida en la ciudad es más ecológica que la vida en el campo.
Al menos hablando en términos porcentuales.
Y no hace falta que en el campo que visitemos haya vacas. Es decir, esas gigantescas fábricas andantes que contribuyen en el efecto invernadero de la Tierra. La gente piensa que lo peligroso son sus ventosidades, pero no es así. Lo que produce una media de 340 litros de metano al día son los eructos de la vaca. O sea, el 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. La cría de ganado produce el 18 % de todos los gases de efecto invernadero (más que todos los coches y otras formas de transporte).
Vacas aparte, las personas que viven en ciudades contaminan menos individualmente que los que viven en el campo, tal y como expone el economista Tim Harford:
