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Las casas encantadas: ¿por qué vemos fantasmas?

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Las casas encantadas o los castillos embrujados son muy populares entre los turistas aficionados a lo paranormal (y por Iker Jiménez para rellenar su programa). Y, aunque no se puede negar taxativamente que no hay fantasmas en las casas encantadas más famosas del mundo (como tampoco se puede negar que el mundo fue creado por un monstruo con forma de spaghetti gigante, aunque esta religión tenga ya muchos adeptos), tampoco se puede certificar la existencia de tales fantasmas o fenómenos sobrenaturales excepto por testimonios, psicofonías y fotografías, en su mayoría trucadas.

Si estos hechos fueran ciertos y alguien pudiera demostrarlos fehacientemente frente a una comunidad de científicos, no dudéis que al descubridor se le concedería el premio Nobel o algo así. Pero eso no ha ocurrido todavía.

Por otro lado, la ciencia se ha pronunciado en diversas ocasiones acerca de estos fenómenos. Por ejemplo, sobre el hecho de que tanta gente haya visto fantasmas en castillos o casas abandonadas. No sólo participaba la sugestión o el acervo cultural del terror gótico: el viento que suele colarse en este tipo de construcciones, al toparse con chimeneas o al cabalgar por los pasillos, produce ondas sonoras de muy baja frecuencia. Cuando la frecuencia de esas filtraciones (inferior a veinte hercios) corresponde con la frecuencia de resonancia del globo ocular humano (unos dieciocho hercios), éste empieza a vibrar, lo que puede acarrear trastornos de la visión y alucinaciones.

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Las ideas extrañas de Pitágoras: judías humanas y transmigración de almas

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Pitágoras, nacido alrededor del año 560 a. C, en la isla de Samos, sobre todo recordado por su teorema sobre los tres lados de un triángulo, abrigó ideas ciertamente extrañas. Bien, en realidad abrigó dos clases de ideas extrañas: las que eran extrañas para la época por su espectacular avance y las que eran netamente disparatadas, tanto antes como ahora.

De entre estas últimas, caben destacar un par que concluyen que Pitágoras, a pesar de su genio, era un hijo de su tiempo. La primera es que prohibió a sus seguidores comer judías. La razón de ello no es que estuviera en contra de los vegetarianos o que amara la carne por encima de todas las cosas, sino que el bueno de Pitágoras creía que si se enterraba una judía durante 40 días cubriéndola con estiércol, entonces ésta adoptaría una forma humana.

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