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Nigel West

El pulso emocional en la Segunda Guerra Mundial

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Cuando nos relacionamos con una persona siempre aflora un pulso emocional entre ambos, una firma irrepetible que aparece de manera espontánea y automática. Algo así como una música que no oímos pero que nos influye. Una serie de patrones que nacen de la unión entre los patrones de cada individuo.

Sé que suena muy metafísico, de modo que os lo aclararé con un ejemplo. Durante la Segunda Guerra Mundial, las mujeres eran capaces de determinar quién estaba detrás de un aparato de radio sin escuchar su voz, ni sus pensamientos, ni su localización. Les bastaba con escuchar cómo transmitían en código Morse.

La mayoría de estas interceptores emocionales, formadas por los británicos durante la guerra, eran mujeres. Su trabajo consistía en permanecer día y noche conectadas a las emisoras de radio de las diversas divisiones del ejército alemán.

Los alemanes, además de emitir en los pulsos cortos y largos propios del Morse, hablaban en código, así que era imposible saber lo que estaban diciendo. Pero las operadoras acababan detectando una información muy relevante: identificaban quién estaba emitiendo el mensaje.

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