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Heroes

Se buscan héroes para rescate, preferiblemente robots

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En caso de que se produzca otro desastre como el ocurrido en la central nuclear japonesa de Fukushima hace poco más de un año, puede que los primeros en reaccionar no sean humanos sino robots.

El organismo de investigación y desarrollo del Pentágono anunció a principios de Abril un concurso para diseñar robots especializados que puedan trabajar en zonas de desastres. El premio: dos millones de dólares.

Los fabricantes profesionales y aficionados están entusiasmados con los posibles diseños.

Las analogías con animales como las arañas, monos, osos, canguros y cabras son una inspiración útil a la hora de plantearse los elementos del desafío

Asegura Aaron Edsinger, fundador de Meka Robotics en San Francisco.

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Superhéroes más cotidianos: la ciencia para hacer verosímil un superpoder (y II)

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A otro nivel muy superior se encuentra, por ejemplo, el filme El Protegido, de M. Night Shyamalan. Una historia de superhéroes narrado con un tempo lánguido, casi morfínico, donde se da prioridad a la psicología de los personajes en detrimento de la pirotecnia al uso. El salto fue importante, a pesar de algunas carencias, pues, al menos, ya no nos trataban como a idiotas.

En esta línea, el siguiente paso evolutivo lo ha dado Tim Kring con su excepcional serie Heroes (al menos en su primera temporada), que emitió la cadena estadounidense NBC. Una mezcla de la primera parte de X-men y la patina de realismo y profundidad de El protegido, sazonado todo ello con los cliffhangers de Perdidos o Prison Break. Personajes como el de Hiro Nakamura o Peter Petrelli nos resultan ciertamente próximos, no nos cuesta ningún esfuerzo identificarnos con sus reacciones ante el descubrimiento de sus superpoderes.

Los pasos, pues, parecen dirigirse hacia una normalización del género de los superhombres, que quizá culminará en la creación de historias tan maduras como puedan serlo otras. Historias sin acción, quizá. Y sin disfraces, ¡ojalá! Y sin mensajes mesiánicos. Historias mínimas. Y, si requieren cierta grandilocuencia, que ésta se produzca arrostrando todos los riesgos: nada de provincianismos, nada de síndromes de Frankenstein, nada de anumerismos, nada de saltarse a la torera la verosimilitud en aras de un mayor efectismo. Crear un superhéroe con capa y reflejos horteras no tiene ya ningún mérito. Crearlo con corbata, sida, feo o bajo los preceptos de una moral ambivalente, es decir, con problemas reales y humanos, sí, lo tiene, y mucho.

Veremos qué tal ha quedado Watchmen, de Zack Snyder.

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