Y ¿entonces? ¿Debemos volver todos a la vida primitiva? Demasiado tarde. No nos queda otra que seguir adelante, tanto los exencionalistas y ambientalistas, en busca de un aumento de recursos y calidad de vida para el mayor número de personas posible (dado el crecimiento demográfico descuidado), y hacerlo con la mínima dependencia protésica.
Uno de los objetivos ambientales prioritarios deberá ser, inevitablemente, el reducir la huella ecológica a un nivel que pueda ser sostenible por el frágil ambiente de la Tierra.
Gran parte de la tecnología que se precisa para alcanzar esta finalidad puede resumirse en dos objetivos. La descarbonización en el paso desde quemar carbón, petróleo y leña a fuentes de energía esencialmente ilimitadas, respetuosas con el ambiente, como las células de combustible, la fusión nuclear y la energía solar y eólica. La desmaterialización, el segundo concepto, es la reducción en volumen del equipo físico informático y de la energía que consume. Todos los microchips del mundo, para poner el ejemplo contemporáneo más estimulante, pueden caber en la sala que albergaba el ordenador electromagnético Harvard Mark 1 en el alba de la revolución informática.

La cifra de seres humanos que podrá sostener la Tierra es incierta. Lo expertos la sitúan entre 4.000 y 16.000 millones. El número real dependerá de la calidad de vida que las generaciones futuras estén dispuestas a aceptar. Lo que está claro es que actualmente es insostenible que todos los seres humanos puedan mantener un estilo de vida como el que se mantiene en Norteamérica, Europa occidental y Japón.
Cuando era más joven, supongo que espoleado por las hormonas y la ingenuidad propias de la edad, quería cambiar el mundo.