Dan Lathrop, a modo de demiurgo, construye planetas. Su objetivo no es contemplar cómo las especies nacen, crecen y se reproducen sino algo más específico: ¿por qué funciona la Tierra como un imán gigante?
Lathrop ya tenía una copia de la Tierra de 60 centímetros de diámetro y con un peso de 225 kilogramos: una veintemillonésima parte del tamaño real. Pero su proyecto resultó infructuoso tras años de pruebas.
Ahora, a fin de generar un campo magnético como el de la Tierra, que nos protege de la radiación solar y guía algunos sistemas de navegación haciendo que las brújulas apunten al Norte, Lathrop ha construido una Tierra artificial mayor: 3 metros, 30 toneladas y más de 1 millón de euros.
Lathrop, profesor de física y geología en la Universidad de Maryland, confía en que un planeta mayor y con más metal caliente batiéndose en su interior, imitando el núcleo de hierro terrestre, tendría la masa suficiente para conseguir un imán con la forma de la Tierra.
