Os voy a explicar una historia fascinante. Una historia protagonizada por el inventor del Test de Cociente Intelectual, Lewis Terman, en su búsqueda de un mundo mejor.
La búsqueda de Terman semejaba la búsqueda de superhéroes en la sociedad, como el profesor Xavier. Pero Terman no buscaba a los X-Men ni a Supermán sino a los Termitas. “¡Los Termitas salvarán el mundo!”, fue lo que pensó.
Craso error.
Terman sólo consiguió crear un ejército de robots tan igualitarios y uniformes como los soldados imperiales de Star Wars. Y ya sabéis dónde termina la mayoría de los soldados imperiales. Sí, viven en la Estrella de la Muerte, protagonizan una batalla de gran magnitud. Pero finalmente son los Jedi los verdaderos protagonistas. Y ningún Jedi perteneció al ejército que quería crear Terman.

Afortunadamente, se ha perfeccionado mucho la objetividad de las pruebas modernas de CI, así como su insensibilidad a los antecedentes culturales o conocimientos específicos. También se tiene en cuenta que el CI tiene un gran componente de heredabilidad.
Como ayer me aproximé al ambiguo concepto de la inteligencia de un modo tangencial, hoy es justo encararnos con él y tratar de ir un poco más allá.