Que no se me malinterprete. La fe religiosa no es la única fuente de irracionalidad que desdeña alegremente los descubrimientos de la ciencia. También los son la astrología, por ejemplo, o el avistamiento de ovnis.
Pero el dogma religioso tiene un mayor papel protagonista que cualquier otra en la política pública. Sólo el dogmatismo religioso recibe el apoyo incondicional del gobierno. Por el contrario, el Tribunal Supremo de Justicia no tiene costumbre de elogiar a la nación por su confianza en la astrología.
Por eso en temas tan peliagudos como el de la investigación de las células embrionarias hay que levantar la voz científica para acallar las voces suficientemente influyentes a fin de no enrarecer el debate; sobre todo si estas voces proceden de dogmas indiscutibles, inflexibles, que fulminan los matices y niegan tozudamente la duda y el escepticismo.
En el asunto de las células embrionarias, el punto de vista religioso es simple: entraña la destrucción de embriones humanos. Punto pelota.
