
Las hormigas Atta, también llamadas hormigas arrieras o cortadoras de hojas, son un ejemplo paradigmático de mente colmena y de laborioso trabajo en grupo. Bajo tierra construyen ciudades con una densidad demográfica que supera las grandes ciudades humanas. De varios metros de profundidad y de hasta 20 metros de circunferencia.
Al trabajar todas juntas, en la superficie parecen un ancho y bullicioso río de color verde, pues son capaces de transportar en sus fauces fragmentos de hoja que superan en mucho su tamaño y su peso. Desde arriba parece que las hojas se mueven solas, como pequeñas alitas mercurianas, porque las hormigas, en comparación, son diminutas respecto al pedazo de hoja que llevan encima. Imaginaos la siguiente equivalencia: miles de seres humanos avanzando en tropel, cada uno transportando en su espalda un árbol entero. Todas llevando diligentemente el cargamento a una metrópolis subterránea dividida en miles de cámaras conectadas entre sí por un dédalo de túneles. La imagen asusta.
Pero lo más curioso de todo es que las hormigas, en realidad, no se alimentarán de estas hojas (sólo de su savia), sino que las masticarán y las convertirán en una especie de papilla con la que abonarán los huertos de hongos del hormiguero. Sí, habéis leído bien. Las hormigas Atta son una especie de minúsculos pero fortachones agricultores (o micocultores) que luego se alimentan de unas pequeñas protuberancias redondeadas que nacen en los hongos. Al alimentarse sólo de esta parte, llamada gongylidia, efectúan de paso una poda del hongo que también evitará que éste complete su desarrollo.
