
Este pasado sábado vi una película en la que hablaban de un pez con un comportamiento algo peculiar.
Unas personas iban a entrar en un lago, y una de ellas dijo a otra que no tratara de orinar, ya que había un pez (el candirú) que detectaba la orina, iba hacia ella, y entraba en… sí, entraba “ahí”, para anclarse con sus ganchos y alimentarse de su anfitrión.
Este pez, de entre 2 y 6 centímetros de longitud, es casi transparente y nada a gran velocidad, por lo que es muy difícil detectarlo en el agua, lo que lo hace aún más peligroso.
Su preferencia por la orina surge por la atracción de este pez a los compuestos nitrogenados. Aunque como comprenderéis, este no es su alimento habitual, ya que lo que suele hacer es nutrirse de la sangre de otros peces. Para ello, entra por las agallas de sus víctimas, se clava con sus ganchos, y les realiza una herida para beber su sangre.
