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AQ

Test de Autismo

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Todos somos capaces de detectar en pocos segundos si nos encontramos frente a un autista, sobre todo si tiene pinta de Dustin Hoffman en Rainman y se dedica a desplumar los casinos de Las Vegas o Atlantic City.

Sin embargo, existen diferentes grados de autismo, y tal vez nos sorprendería descubrir que nos hallamos rodeados de ellos sin saberlo… o incluso que nosotros mismos somos autistas en determinado nivel.

Para establecer el umbral de autismo de un individuo se emplea el llamado test del Autism Spectrum Quotient, o cociente de autismo (AQ), una prueba muy sencilla inventada por Baron-Cohen y sus colegas.

La prueba consiste en responder a 50 preguntas sobre nosotros mismos en una página web. El resultado es un número que puede oscila entre 1 y 32. Cuanto más alto es el número, más próximos estaremos al autismo (el resultado medio es de 16,4).

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La telebasura también es intelectualmente estimulante

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Los que se les llena la boca diciendo que la televisión es la caja tonta y que contemplarla es dejarse abducir por ella, dejando nuestro cerebro en stand-by, parten de un error basado en una concepción arcaica y tradicional de la cultura.

Es cierto que la televisión no aporta ni aportará jamás la profundidad intelectual que, por ejemplo, ofrece un ensayo de neurociencia. Sin embargo, la comparación no es justa. La televisión también aporta una serie de estímulos cognitivos que muchos libros son incapaces de ofrecer.

En todo caso, como intenta demostrar el divulgador científico Steven Johnson en su libro Everything bad is good for you, la televisión no es tan estúpida como creemos. Y menos todavía la televisión de los últimos 20 años. Para ello no sólo recurre al ejemplo de la complejidad, la diversidad de líneas argumentales y la extrema sutilidad de muchas series catódicas, mayormente anglosajonas. También alaba, oh, horror, a los reality shows como Gran Hermano.

Su controvertida tesis parte de la base de que en esta clase de formatos televisivos es donde el espectador lo tiene más fácil para percibir emociones fidedignas, complejas reacciones emocionales que, al menos por unos segundos, el concursante del reality no es capaz de esconder. Los reality shows son más reales que el resto de la televisión.

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