Nos estamos quedando sordos, todos nosotros. No, no me refiero a que hemos dejado de escuchar y nos limitamos a oír (que también), sino a que cualquier nativo zulú o del Amazonas de 75 años de edad tiene, por término medio, mejor capacidad auditiva que un occidental de 40.
Es lo que sostiene Jordi Coromina, otorrino que ejerce en el Centro Médico Teknon y que investiga la pérdida de audición de los jóvenes. Actualmente está visitando a pacientes de 40 años con presbiacucia, el oído cansado, una pérdida de audición fisiológica que generalmente se inicia pasados los 55 años.
Cada vez hay más personas que oyen pero que no entienden lo que se les dice: sólo registran los sonidos graves. Cada vez hay más casos de acúfenos: una enfermedad infernal en la que todo el día y toda la noche, sin interrupción, se genera un ruido agudo o grave (booo o piii) en el oído.
