El verdadero riesgo de ser atacado por un tiburón: lo que dice la estadística y el secreto que nos podría hacer vivir más

El tiburón, junto a las arañas y las serpientes, es probablemente el más profundo de nuestros miedos hacia un animal. Nadie podría meterse en el agua sabiendo que hay un tiburón cerca (y menos después de ver la película Tiburón, de Steven Spielberg). Sin embargo, las cosas no son lo que parecen. Al menos, a nivel estadístico.

Los ataques de tiburones son bastante raros. En 2014, hubo solo tres muertes en todo el mundo relacionadas con ataques de tiburones, y en 2015, hubo seis, que es aproximadamente el promedio anual.

Para poner en perspectiva esta cifra, los lobos acaban con la vida de 10 personas cada año, los leones con 22, los elefantes con 500, los hipopótamos con 500 y los cocodrilos con 1 000. Hasta los caracoles de agua dulce superan a los tiburones (y de paso a todos los animales mencionados), causando nada menos que entre 20 000 y 200 000 víctimas.

El caracol de agua dulce, naturalmente, no te mata propinándote una dentellada, sino que transporta gusanos parásitos que infectan a las personas con una enfermedad llamada esquistosomiasis que puede causar dolor abdominal intenso y sangre en las heces u orina, dependiendo del área afectada.

Si observamos la probabilidad general de morir, es 1 817 veces más probable morir ahogado en el mar que por el mordisco de un escualo. Debemos, pues, tenerle mucho más miedo al agua antes que a los tiburones. Obviamente, en general mueren pocas personas por ataques de tiburones porque no solemos vivir en el mar, pero si incluso nos remontamos muy atrás en el tiempo a países con costa, como España, descubriremos que solo ha habido tres ataques registrados en… 400 años. Ninguno de ellos dejó a la víctima en estado grave.

Además, si bien hay más gente en el mar practicando deportes acuáticos o simplemente en las playas, hay que tener en cuenta que cada vez hay menos tiburones. El porcentaje de tiburones blancos, por ejemplo, se ha reducido en un 90 % en solo 30 años.

Por si fuera poco, cada vez tenemos tecnologías más precisas para evitar a los tiburones o salir del agua antes de que lleguen. Gracias al Internet de las Cosas (IoT), por ejemplo, quizá Spielberg no hubiera podido rodar su película Tiburón, tal y como explica Marc Goodman en su libro Los delitos del futuro:

En Australia, por ejemplo, hay más de trescientos tiburones en Twitter (y no, no crearon ellos la cuenta). Los investigadores colocaron etiquetas acústicas en 338 tiburones, las cuales emiten una señal a los receptores instalados en las orillas cuando los animales se encuentran a menos de un kilómetro de la playa […] cerca de cuarenta mil bañistas se han suscrito como seguidores de las cuentas en Twitter de estos tiburones.

Los tiburones, eso sí, son sorprendentes (e incluso benéficos para el ser humano) en otros sentidos muy distintos. De hecho, no solo no nos quitan la vida, sino que podría dárnosla en cierto modo: ofreciéndonos la clave para ser más longevos.

Logevidad matusalénica de cuatro siglos

Un tiburón recientemente descubierto y que se ha convertido en el vertebrado que más años vive en la faz de la Tierra. La investigación dirigida por el biólogo marino danés Julius Nielsen, y que ha sido publicada en la revista Science, sugiere que el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) puede alcanzar los 400 años de vida.

Concretamente, el tiburón más longevo que han encontrado tenía 392 años, es decir, que había nacido en la misma época que Cervantes. ¿Y si halláramos el secreto de esa longevidad para aplicarla a los seres humanos?

Se han conjeturado varios motivos para que esta especie cumpla tantos años, como que crece muy lentamente (apenas un centímetro por año) o que vive en aguas a muy baja temperatura (lo que ralentiza su metabolismo). Sin embargo, otros peces árticos no viven tanto tiempo como este tiburón. El responsable de su descubrimiento está convencido de que si encontráramos el factor determinante de su longevidad, podríamos usarlo para convertirnos en Matusalén o, al menos, retrasar un poco más el envejecimiento.

Un tiburón blanco fotografiado en 2006.

Se desconocían muchas cosas a propósito del tiburón de Groenlandia porque es una especie esquiva (vive a más de 2.000 metros de profundidad) y carece de interés económico (su carne es venenosa, debido a las altas concentraciones de óxido de trimetilamina), pero ahora se ha convertido en la diana de los investigadores por su extraña habilidad a la hora de vivir el doble y hasta el triple que los otros vertebrados.

Al final, los tiburones no solo resultan poco peligrosos, sino que más nos vale que los conservemos y estudiemos: gracias a ellos, quizá, viviremos más que nunca.

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