El consumo de libros, música y televisión tiene poco efecto en el bienestar de los adultos a corto plazo

A menudo se asume que interactuar con los tipos de medios tradicionales mejora el bienestar, mientras que el uso de nuevos tipos de medios, como las redes sociales, empeora el bienestar.

Sin embargo, el consumo de medios tradicionales, incluidos libros, música y televisión, tiene poco efecto en el bienestar de los adultos a corto plazo, según un nuevo estudio publicado en Scientific Reports.

Encuestas semanales

Niklas Johannes y sus colegas estudiaron los hábitos de consumo de medios y los niveles de bienestar de 2.159 adultos del Reino Unido entre abril y mayo de 2020, durante la pandemia de COVID-19, utilizando datos recopilados a través de una encuesta representativa a nivel nacional.

A través de encuestas semanales, realizadas durante seis semanas, los participantes informaron el tiempo que habían dedicado a la música, la televisión, las películas, los videojuegos, los libros, las revistas y los audiolibros durante la semana anterior y sus niveles de felicidad y ansiedad durante el día anterior.

Los investigadores encontraron que aquellos que consumían libros, revistas o audiolibros tenían niveles de felicidad y ansiedad similares a los que no lo hacían, mientras que aquellos que se dedicaban a la música, la televisión, las películas y los videojuegos tendían a tener niveles más bajos de felicidad y ansiedad que los que no lo hacían. Sin embargo, esas diferencias fueron pequeñas y no causales. Aquellos con menor felicidad y niveles más altos de ansiedad también eran más propensos a participar con música, televisión, películas y videojuegos, pero no con libros, revistas o audiolibros.

A pesar de las diferencias en el bienestar observadas entre los usuarios de diferentes formas de medios, los cambios en los tipos de medios consumidos por los participantes y la cantidad de tiempo que dedicaron a interactuar con los medios tradicionales no predijeron cambios sustanciales en los niveles de ansiedad o felicidad. De nuevo, pues, aparece más evidencia de que poco o nada sabemos sobre cómo las pantallas afectan a los niños, aunque haya padres que las demonizan (siendo, irónicamente, más tóxicos que cualquier pantalla), como podéis ver en el siguiente vídeo:

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