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		<title>Magazine - personalidad</title>
		<link>http://www.xatakaciencia.com</link>
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Xatakaciencia es un weblog colectivo dedicado a la divulgación científica, la ecología y el cambio climático		</description>
		<pubDate>2013-05-24 05:01:27</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Dime qué tipo de música escuchas y te diré cómo eres?]]></title>
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      <pubDate>Sat, 08 Dec 2012 10:11:04 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image13723" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/12/lordi-this-is-heavy-metal-video.jpg" class="centro" alt="lordi-this-is-heavy-metal-video.jpg" />La mayoría de movimientos juveniles/ideológicos, además de presentar un código indumentario inflexible y característico, <strong>también han venido acompañados de su correspondiente código musical</strong>: la generación <em>beat</em> escuchaba jazz, los <em>hippies</em>, folk y rock de los ´60. Los “emos” y los góticos escuchan música oscura. Etcétera. </p>

	<p>Sin embargo, la música no dice tanto de nosotros como creemos. Porque la música en realidad sólo sirve para que se identifique nuestra postura, pero <strong>no necesariamente deberemos actuar conforme a la misma</strong>. </p>

	<p>Por ejemplo, a pesar de las pintas de sus seguidores y la brutalidad de heavy metal como género musical, <strong>la mayoría de aficionados son personas dóciles, introvertidas y pacíficas</strong>, tal y como sugiere un estudio liderado por <strong>Adrian North</strong>, de la Universidad británica de Heriot-Watt, cuya encuesta online fue cumplimentada por 36.000 internautas de todo el mundo. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo explica así <strong>Christopher Drösser</strong> en su libro <em>La seducción de la música</em>:</p>

<blockquote>Los encuestados manifestaron sus preferencias respecto a 104 estilos musicales (de la música clásica al soul o el Hollywood) que en teoría eran el reflejo de sus rasgos de personalidad. Esos rasgos eran, por ejemplo: autoestima baja o alta, y carácter creativo/no creativo, introvertido/extrovertido, dulce/agresivo, trabajador u holgazán.</blockquote>

	<p>Estemos o no de acuerdo con este estudio, lo cierto es que <strong>asociar estilo musical con personalidad contradice el sentido común</strong>. Sería como afirmar que si un hombre conduce un coche caro es necesariamente rico: podría estar fingiendo serlo. De hecho, esa dinámica es la que se establece en casi todas las formas de consumo conspicuo, superfluo. </p>

	<p>Según la encuesta de North, por tanto, podemos decir que <strong>los aficionados al heavy metal se parecen muchísimo a los aficionados a la música clásica</strong> (aunque éstos últimos tienen un poco más confianza en sí mismos). Es decir, que a pesar de que musicalmente se distancien tanto, y ya no digamos en vestimenta y otros perendengues, los clásicos y lo melenudos podrían catalogarse en el mismo perfil psicológico. </p>

	<p>Otro estudio de la Universidad australiana de Queensland, liderado por <strong>Felicity Baker </strong>y <strong>William Bor</strong>, confirman esta idea, descartando que la música sea un factor causal del comportamiento antisocial, por ejemplo. <strong>Más bien sugieren que el gusto musical es un indicador de vulnerabilidad emocional</strong>.</p>

<blockquote>Por tanto, primero existe el estado psíquico y a partir de ahí cada persona busca una música que encaje con él. Y como ya hemos comentado, el hecho de que una música tenga una sonoridad depresiva a oídos de un espectador no significa que sea capaz de hundirlo en una depresión más profunda aún, sino que, bien al contrario, puede ayudarlo a superarla. La mayoría de las personas, cuando acaba esa etapa determinante entre los 15 y los 25, permanecen fieles a los gustos musicales que han desarrollado durante esos años. Ocurre también en otras facetas de la vida, cuando por ejemplo vemos que los hippies ya entrados en años continúan llevando pelo largo aunque se estén quedando calvos. ¿Por qué no? Las expectativas cumplidas satisfacen el deseo de nuestro cerebro de que las cosas sean predecibles.</blockquote>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Napoleón no era bajito, y las personas de corta estatura no son más agresivas]]></title>
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      <pubDate>Fri, 13 Jul 2012 09:37:56 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image12603" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/07/elreydebrobdingnagygullly0.jpg" class="centro" alt="elreydebrobdingnagygullly0.jpg" /><strong>A la gente le encanta hacer generalizaciones</strong>: imaginaos, es una forma de saber la catadura de un grupo gigantesco de personas sin tener que tomarnos la molestia de conocerlos individualmente. </p>

	<p>Por eso hubo tanta gente que consideraba a los negros intelectualmente inferiores. O a las mujeres. <strong>Incluso se usan personajes famosos para reafirmar posturas ideológicas</strong>: si Einstein era muy inteligente y ateo, los ateos son más inteligentes. E incluso para derribar esas mismas posturas: ¿eres vegetariano? Pues Hitler también lo fue. </p>

	<p>Algo similar ocurre con las personas de corta estatura, aunque en este caso la falacia se sustenta, además, <strong>en varios equívocos, tanto científicos como históricos</strong>. </p>

	<p>El llamado “complejo de Napoléon” describe a personas de corta estatura que compensan dicha falta mostrándose agresivos, escandalosos, egomaníacos, etc. Todos tenemos imágenes arquetípicas en la cabeza que confirman esta idea: <strong>Sarkozy</strong>, por ejemplo. O <strong>Tom Cruise</strong>, cuando se vuelve tarumba en plena entrevista y se pone a saltar en el sofá.</p>

	<p>Sin embargo, <strong>no hay pruebas científicas sólidas que sostengan dicha teoría</strong>. No se ha reconocido oficialmente como trastorno psiquiátrico, y no parece ocurrir en el reino animal, salvo entre los machos de los peces espada, que el más pequeño iniciaba las peleas el 78 % de las veces.</p>

	<p>Por si esto fuera poco, <strong>Napoléon, icono del bajito furioso y chulito, ni siquiera era de corta estatura</strong>. Esta imagen fue creada, en parte, por el caricaturista británico <strong>James Gillray</strong> (1757-1815), inspirándose en <em>Los viajes de Gulliver</em>. En la imagen, el rey Jorge <span class="caps">III</span> sostiene a Napoleón en la palma de su mano, mientras le inspecciona con una lupa.<br />

<!--more--></p>

	<p>
En 1821 se llevó a cabo una autopsia de Napoleón Bonaparte y<strong> se determinó que su estatura era de 1,69 metros</strong>. La estatura media de los varones franceses entre 1800 y 1820 era de 1,64 metros. Y la del inglés medio, 1,68. De modo que Napoleón era más alto que la media. El gran enemigo de Napoleón, Horatio Nelson, por ejemplo, solo medía 1,62 metros. </p>

	<p>Lo que sí ocurrió es que Napoleón, tras subir al poder en 1799, impuso requerimientos de estatura al ejército francés. La Guardia Imperial, un mínimo de 1,78 metros. Y los Cazadores Montados, 1,70. Por lo tanto, la mayoría de ocasiones, los soldados que rodeaban a Napoleón<strong> eran significativamente más altos que él</strong>, por lo que podría dar la impresión de que él era bajito. </p>

	<p>Eso no quita que diversas investigaciones sugieran que los bajitos tienen más dificultades para obtener reconocimiento social, tal y como explicamos en <strong><a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/si-eres-bajito-tendras-menos-probabilidades-de-tener-exito">Si eres bajito, tendrás menos probabilidades de tener éxito</a></strong>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Tus zapatos pueden decir mucho de ti]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/tus-zapatos-pueden-decir-mucho-de-ti</link>
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      <pubDate>Sat, 07 Jul 2012 10:14:40 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image12564" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/07/4ff6469f191c2__292.jpg" class="centro" alt="4ff6469f191c2__292.jpg" />Las prendas de vestir y complementos varios son empleados por la gente para informar acerca de lo que son, cómo son, si siguen la moda o si pasan de todo. Pero parece ser que no es necesario fijarse en todo el atuendo: <strong>solo los zapatos ya ofrecerían una gran información sobre nosotros</strong>. </p>

	<p>En un estudio cuyos resultados publica la revista <em>Journal of Research in Personality</em> en su edición de agosto, <strong>Omri Gillath</strong> y sus colegas de la Universidad de Kansas han demostrado que podemos juzgar con <strong>un 90 % de precisión</strong> cuáles son la ideología política, el género, los rasgos emocionales y la personalidad de un individuo simplemente examinando sus zapatos.<br />
<!--more--></p>

	<p>El estudio se llevó a cabo con <strong>63 estudiantes a los que les mostraron más de 200 fotografías del calzado de voluntarios </strong>a los que, anteriormente, se les había sometido a un test de personalidad. De este modo lograron averiguar si la persona era liberal o conservadora, extrovertida o introvertida, si era o no emocionalmente estable, así como su nivel de simpatía, inseguridad, ansiedad y aislamiento, entre otras características. También consiguieron descubrir, a partir del calzado,<strong> el nivel social y los ingresos con un 45% de precisión</strong>. </p>

	<p>Botas altas: Antipatía</p>

	<p>Tacón alto: Inestabilidad</p>

	<p>Zapato de marca: Hombre</p>

	<p>Zapato incómodo: Mujer</p>

	<p>Zapato colorido: Tranquilidad</p>

	<p>Zapato a la moda: Dinero</p>

<blockquote>Algunas observaciones tienen que ver con el sentido común y otras son más sorprendentes. Pero, en general, se puede mirar los zapatos de alguien y hacerse una idea de la personalidad.</blockquote>

	<p>Vía | <a href="http://www.mdzol.com/mdz/nota/399821-decime-que-calzas-y-te-dire-quien-sos-y-que-escondes/">MDZ</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La cara, espejo del alma]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-cara-espejo-del-alma</link>
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      <pubDate>Tue, 28 Feb 2012 17:19:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image11529" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/02/oso-peluche.jpg" class="centro" alt="oso-peluche.jpg" />A pesar de los tópicos e hipocresías, todos nosotros nos dejamos llevar por prejuicios y estereotipos (eso no es necesariamente malo, son solo atajos cognitivos, cuyos abusos, en efecto, producen generalizaciones inexactas). <strong>También todos nosotros nos fijamos en el aspecto de los demás para formarnos una opinión de ellos</strong>.</p>

	<p>Como os expliqué hace algún tiempo, esa tendencia es tan poderosa que incluso la belleza de alguien puede usarse como buen predictor de su éxito social: <strong><a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-efecto-proteo-la-belleza-determina-la-seguridad-en-uno-mismo-incluso-en-un-mundo-virtual-i">El efecto Proteo: la belleza determina la seguridad en uno mismo… incluso en un mundo virtual</a></strong>. </p>

	<p>Las cárceles de todo el mundo <strong>tienen un porcentaje más elevado de feos que de bellos</strong>. Las personas solemos acusar con mayor severidad al feo, y justificamos normalmente al bello. Algunos expertos en jurisprudencia están tan convencidos de que la belleza física es un condicionamiento en las salas de justicia que propugnan que los acusados de cualquier delito no aparezcan personalmente en el juicio o, al menos, que tengan derecho a que otra persona de belleza normal les represente; una persona contratada en una suerte de agencia de modelos que obre como doble del encausado.<br />
<!--more--></p>

	<p>Las caras de la gente, lo queramos o no, nos producen sensaciones, pálpitos, sospechas. Algo que han demostrado, por ejemplo, los experimentos de los psicólogos <strong>Anthony Little</strong>, de la Universidad de Stirling, y <strong>David Perrett</strong>, de la Universidad de St Andrews, publicados en <em>British Journal of Psychology</em> bajo el título “Using composite face images to assess accuracy in personality attribution”.</p>

	<p>En ellos, los investigadores solicitaron a casi 200 personas que<strong> rellenaran un cuestionario que medía las cinco dimensiones de personalidad</strong>: apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. A continuación, fotografiaron a los sujetos que habían obtenido las puntuaciones más altas y más bajas en cada una de las dimensiones.</p>

	<p>Empleando un programa informático, los investigadores combinaron cada grupo de rostros en un único rostro compuesto, una suma de todos los rasgos. Así obtuvieron cuatro retratos compuestos: uno que representaba las puntuaciones más bajas obtenidas por las mujeres, junto con los respectivos retratos compuestos para los hombres, tal y como explica <strong>Richard Wiseman </strong>en su libro <em>¿Esto es paranormal?</em>:</p>

<blockquote>El principio que subyace a esta técnica es muy simple. Suponga que dispone de dos retratos fotográficos procedentes de dos personas. Ambas tienen las cejas pobladas y los ojos hundidos, pero una tiene la nariz pequeña mientras que la otra la tiene mucho más grande. Para crear un retrato compuesto de ambas caras, los investigadores primero escanean las fotografías y las introducen en el ordenador, controlan cualquier diferencia de iluminación y luego manipulan las imágenes para asegurarse de que los principales componentes de la cara (como las comisuras de la boca y de los ojos) están aproximadamente en la misma posición. A continuación, se coloca una imagen sobre la otra y se genera una imagen promedio de ambas caras. Si ambas caras tienen las cejas pobladas y los ojos hundidos, el retrato compuesto resultante también presentará estos rasgos. Si una cara tiene la nariz pequeña y la otra la tiene grande, la imagen promedio definitiva (es decir, el retrato compuesto) presentará una nariz de tamaño medio.</blockquote>

	<p>Los resultados de estas fotografías artificiales se expusieron frente a un grupo de 40 personas, que debía puntuar cada cara en las distintas dimensiones de personalidad. <strong>Las puntuaciones fueron sumamente acertadas</strong>. Es decir, que hay una serie de rasgos que la mayoría de nosotros asociamos a determinados patrones de personalidad (sean o no certeros, aunque quizá eso tiene menos importancia de lo que parece: si alguien que nos parece a priori antipático lo tratamos como tal, ese individuo quizá acaba siendo antipático porque la gente lo trata como tal). </p>

	<p>Las imágenes resultantes las podéis ver a continuación:</p>

	<p><img class="centro" id="image11530" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/02/personality.jpg" class="centro" alt="personality.jpg" /></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Dibuja lo que quieras y significará lo que quieras]]></title>
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      <pubDate>Thu, 02 Feb 2012 18:19:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image11211" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/02/31_rorschach.jpg" class="centro" alt="31_rorschach.jpg" />Cuando veo por la tele a uno de esos jetas que dicen que, a través de la grafología, pueden adivinar parcelas de tu personalidad, me subo por las paredes. Es algo visceral, pauloviano. Lo mismo me pasa cuando el jeta asegura que tal o cual persona es más o menos culpable de un crimen porque se le nota en el escorzo, en la manera de andar, en la forma de hablar o en su fisonomía. <strong>También me pasa cuando alguien <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Rorschach">te muestra una dibujo sin sentido</a></strong> y te pide que le expliques qué ves tú para sacar a la luz tus más recónditos secretos psicológicos.</p>

	<p>La diferencia entre estas pseudociencias y los que miran el porvenir en la bola de cristal son mínimas (ambas carecen de sustento científico), sin embargo las primeras gozan de mucho respeto en los medios de comunicación. E incluso, horror, <strong>se han colado en algunos procesos judiciales</strong> (y no como forma de peritaje sino como manera de de identificar o describir la personalidad de un individuo e intentar determinar características generales del carácter. Una barbaridad, vamos. </p>

	<p>Lo que uno crea que ve en unas manchas no tienen ningún rigor científico, por mucho que exista una <a href="http://www.rorschach.com/">Sociedad Internacional del Test de Rorschach</a>. <strong>Tampoco prueba nada lo que una persona dibuje</strong>, como ya se ha demostrado en numerosas ocasiones. Ya en 1967, por ejemplo, se llevó a cabo un experimento contra esta idea que ya se considera clásico (pero que los medios de comunicación contemporáneos parecen ignorar).</p>

	<p>El experimento fue realizado por un equipo de psicólogos compuesto por un matrimonio, <strong>Loren</strong> y <strong>Jean Chapman</strong>, de la Universidad de Wisconsin. El estudio trataba de poner en evidencia un tipo de evaluación psiquiátrica muy popular en los años 1960 denominada &#8220;Prueba de dibujo de una persona&#8221;. Según los expertos en estos dibujos, gracias a ellos se podían detectar todo tipo de problemas, como la paranoia, la sexualidad reprimida y la depresión. <br />
<!--more--></p>

	<p>En el experimento, los Chapman enseñaron a un grupo de estudiantes dibujos de personas realizados por pacientes psiquiátricos, <strong>junto con una breve descripción de sus síntomas</strong>. Después preguntaron a los voluntarios si habían detectado algún patrón en los datos. Tal y como explica <strong>Richard Wiseman </strong>en reciente libro <em>¿Esto es paranormal?</em>:</p>

<blockquote>Curiosamente, los voluntarios informaron sobre los mismos tipos de patrones que los profesionales que llevaban años utilizando. Consideraban, por ejemplo, que la gente paranoica dibujaba ojos atípicos, los hombres que tenían problemas relacionados con la masculinidad dibujaban figuras anchas de espaldas y que los órganos sexuales de tamaño reducido indicaban problemas relacionados con la impotencia. Sólo había un pequeño problema. Los Chapman habían apareado dibujos y síntomas de forma aleatoria, de modo que no había verdaderos patrones en los datos. Los voluntarios habían visto lo invisible.</blockquote>

	<p>Lo que prueba el experimento, además de que esa técnica psiquiátrica es una paparrucha, es que los seres humanos <strong>somos extraordinariamente buenos a la hora de prestar atención a los acontecimientos que presentan algún tipo de coincidencia</strong>, sobre todo cuando respaldan nuestras creencias: los voluntarios, por ejemplo, ya sabían de antemano que los paranoicos dibujarían ojos grandes, de modo que se fijaron en los casos donde esto ocurría, y quitaron importancia a los dibujos de paranoicos que dibujaban ojos perfectamente normales. </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Dime tu contraseña y te diré quién eres]]></title>
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      <pubDate>Wed, 28 Dec 2011 21:08:12 +0000</pubDate>

      <author>Capitan Tomate</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image10770" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/12/teclaro.jpg" class="centro" alt="teclado" /></p>

	<p>En su afán por descifrar los mecanismos de la mente humana, algunos ya no saben qué inventar. Ahora, un dominio de internet, acaba de sacarse de la manga un <strong>método de análisis de personalidad </strong>que haría olvidarse de sus psicólogo al mismísimo <em>Woody Allen</em>. </p>

	<p>El secreto no está en pasarse horas en un diván, sino en encender el ordenador y contestar a la pregunta clave:</p>

<blockquote>¿Contraseña?</blockquote>

	<p><!--more--></p>

	<p>Nuestra respuesta es más importante de lo que creemos, según <a href="https://www.centralnic.com/">CentralNic</a>, que ha realizado una encuesta sobre claves entre 1.200 usuarios de ordenador del Reino Unido. Los resultados han sido analizados por Helen Petrie, profesora de <em>Interacción entre Humanos y Computadoras de la City University</em> de Londres, y su conclusión es que la contraseña puede considerarse una especie de test psicológico.</p>

<blockquote>Cuando piensas en algo para utilizarlo como password, inconscientemente acuden a tu mente tus obsesiones, o las cosas que realmente te importan</blockquote>

	<p>Además, la clave puede destapar nuestros secretos mejor guardados, ya que, para no olvidarla tendemos a usar elementos que podamos asociar con otros almacenados en nuestra memoria a largo plazo, como los recuerdos de nuestra infancia. </p>

	<p>En su estudio, Petrie ha definido cuatro grupos. </p>

	<p><strong>Familiares </strong>(48%)</p>

	<p>Si usas como clave tu nombre, el de tu pareja, tu mascota o una fecha relevante, formas parte de este grupo.</p>

<blockquote>Son personas con fuertes lazos familiares y eligen claves que simbolizan cosas con un gran valor emocional</blockquote>

	<p>dice Petrie. </p>

	<p>Este tipo de usuarios no saben mucho de ordenadores, pero los utilizan de forma ocasional. </p>

	<p><strong>Fans</strong> (32%)</p>

	<p>Son usuarios jóvenes y sus claves son una especie de distintivo social. Según Petrie:</p>

<blockquote>Escogen nombres de famosos que sean admirados o estén relacionados de algún modo con el grupo al que quieren pertenecer</blockquote>

	<p>Los nombres más usados son de deportistas y personajes de ficción, como <em>Homer Simpson</em> o <em>Darth Vader</em>.</p>

	<p><strong>Sexuales</strong> (11%)</p>

	<p>&#8220;<em>Sexy</em>&#8220; y &#8220;<em>puta</em>&#8220; son algunas de las claves preferidas por este grupo, en el que se encuentran personas que dan mucha importancia al sexo. </p>

	<p>Tradicionalmente, los usuarios que usaban estas contraseñas eran hombres, pero ahora un 37% son mujeres. Términos como &#8220;<em>semental</em>&#8220; y &#8220;<em>diosa</em>&#8220; buscan autoafirmación del individuo. </p>

	<p><strong>Crípticos</strong> (9%)</p>

	<p>&#8220;<em>JgdX68</em>&#8220;, &#8220;<em>45CTraS:3</em>&#8220;... son claves más difíciles de descifrar y, por lo tanto, las preferidas por este grupo, formado por usuarios concienciados acerca de la seguridad, pero poco originales. Combinan números y letras que presentan algo para ellos, pero no para los demás. Por ejemplo, evitan las iniciales de su nombre. </p>

	<p>Por otra parte, <a href="http://splashdata.com/splashid/worst-passwords/">SplashData </a>publica en su web las 25 peores contraseñas del año 2011. Algunas como &#8220;1234&#8221; o &#8220;password&#8221; son dignas de una revisión y un cambio inminente. </p>

	<p>Y tú, ¿de quién eres?</p>

	<p>Vía Imagen | Flickr</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Cómo tu barba determina cómo te perciben los demás]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/como-tu-barba-determina-como-te-perciben-los-demas</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/como-tu-barba-determina-como-te-perciben-los-demas</guid>
      <pubDate>Fri, 01 Jul 2011 22:37:25 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image8989" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/07/film-trailer-joaquin-phoenix-in-i-m-still-here_header_image.png" class="centro" alt="film-trailer-joaquin-phoenix-in-i-m-still-here_header_image.png" /><strong>Hay barbas que te dan poderes especiales</strong>. La barba de Abraham Lincoln. La barba de Papá Pitufo. Esa clase de barbas. También hay barbas que te los quitan, ¿habéis visto <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/I'm_Still_Here_(film)">el falso documental de Joaquin Phoenix</a>?</p>

	<p>La barba, en el hombre, tiene unos efectos significativos sobre <strong>cómo nos perciben los demás</strong>. Llevar barba es como retroceder hacia nuestras estadios primitivos: antes todos teníamos más pelo en la cara, pero la evolución (y la maquinilla de afeitar) nos han ido volviendo barbilampiños, <strong>no se sabe muy bien la razón</strong>: quizá porque ya no necesitábamos mantener tanto el calor para adentrarnos en sombrías selvas, quizá porque tuvimos una menor incidencia de ácaros y parásitos portadores de enfermedades. </p>

	<p>Hay un investigador que se tomó la molestia de estudiar los efectos del pelo facial sobre cómo los demás nos percibe: fue el psicólogo <strong>Robert Pellegrini</strong>, en el año 1973. <br />
<!--more--></p>

	<p>Para ello seleccionó a 8 jóvenes barbudos a los que fotografió antes y después de afeitarles la barba. Y también cuando tenían una perilla y bigote, y cuando sólo tenían bigote. </p>

	<p>Luego se mostró las fotografías a diferentes grupos de personas y, generalmente, <strong>los barbudos recibían adjetivos como masculino, maduro, dominante, seguro de sí mismo y valiente</strong>. </p>

	<p>Sin embargo, estudios recuentes también asocian la barba con la falta de honestidad: más de la mitad del público occidental cree que los hombres con el rostro afeitado <strong>son más honestos que aquellos con barba</strong>.</p>

<blockquote>Aparentemente, las barbas invocan imágenes de intenciones diabólicas, ocultación y poca higiene. Si bien no existe absolutamente ninguna relación entre la honestidad y el pelo facial, el estereotipo es lo suficientemente poderoso como para afectar al mundo, lo que tal vez explique por qué todos en la lista Forbes de los cien hombres más ricos lucen el rostro afeitado y por qué ningún candidato exitoso a la presidencia estadounidense ha llevado barba o bigote desde 1910.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Rarología</em> de Richard Wiseman</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Si te apellidas Panadero acabarás vendiendo pan? ¿Y si te apellidas Herrero?]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/si-te-apellidas-panadero-acabaras-vendiendo-pan-y-si-te-apellidas-herrero</link>
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      <pubDate>Fri, 20 May 2011 11:18:31 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/05/15220775.jpg" class="centro" alt="15220775.jpg" /><strong>El poder de nuestros nombres y apellidos es difícilmente cuantificable</strong>. En el colegio, un niño puede sentirse ridiculizado de por vida por su nombre. Tener apellidos que empiezan por letras del final del abecedario impone estar siempre al final de las listas. Diversos estudios sugieren, incluso, que el nombre es una forma de distinción social: hay nombres de clase alta y de clase baja (y por supuesto van rotando). Incluso<a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/las-iniciales-de-nuestro-nombre-pueden-influir-en-nuestra-esperanza-de-vida"> un controvertido estudio</a> relaciona las iniciales de nuestro nombre con nuestra esperanza de vida (<span class="caps">LINK</span>)</p>

	<p>Los nombres también <strong>podrían influir en el empleo que vamos a desempeñar de adultos</strong>.  Al menos parece existir una fuerte correlación entre el apellido y la ocupación que se escoge. Sí, un poco como el juego de mesa <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guess_Who%3F">Quién es quién</a> o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Clue">Cluedo</a>.</p>

	<p>En 1975, <strong>Lawrence Casler</strong>, de la Universidad Estatal de Nueva York en Geneseo, recopiló una lista de 200 académicos que trabajaban en áreas relacionadas con sus apellidos. El estudio se tituló “Put the blame on name” y fue publicado en <em>Psychological Reports</em>.<br />
<!--more--></p>

<blockquote>El trabajo de Casler incluyó a un arqueólogo submarino llamado Bass (“Róbalo”), un consejero matrimonial llamado Breedlove (“productor de amor”), un experto en impuestos llamado Due (“Vencimiento”), un médico especialista en enfermedades de la vulva llamado Hyman (“Himen”) y un psicopedagogo que estudia las exigecias parentales llamado Mumpower (“El poder de mamá”).</blockquote>

	<p>La revista <em>New Scientist</em>, a finales de los años 1990, también solicitó a sus lectores que enviaran ejemplos similares de sus propias vidas:</p>

	<p>Miss Beat (“señorita compás”) <strong>era profesora de música</strong>. Al igual que Miss Sharp (“señorita sostenido”).</p>

	<p>Flood (“inundación), Frost (“helada”), Thundercliffe (“acantilado de los truenos”) y Weatherall (“Todo sobre el clima”) <strong>eran miembros de la Oficina Meteorológica británica</strong>.</p>

	<p>Lust (“lujuria”) <strong>era un consejero sexual</strong>. Peter Atchoo (“Pedro Achís”)<strong> era un especialista en neumonía</strong>. Y el director de un hospital psiquiátrico se llamaba doctor McNutt (“McChiflado”).  </p>

	<p>Los defensores de estos estudios afirman que estas coincidencias no son sólo azarosas, sino que <strong>algunas personas sienten atracción inconsciente hacia ocupaciones relacionadas con su nombre</strong>.</p>

	<p>Personalmente, esta clase de estudios me parecen muy débiles y probablemente adolecen de defectos de forma. Pero no puedo evitar sentir cierta atracción por esta clase de teorías que se parecen tanto a las que se fraguan en los años escolares o en la barra de un bar. Sirva, en cualquier caso, como curiosidad que pone de manifiesto hasta qué punto los científicos se enredan a veces con hipótesis estrafalarias. </p>

	<p>Vía | <em>Rarología</em> de Richad Wiseman</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién lava más los platos? La memoria selectiva en acción]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/quien-lava-mas-los-platos-la-memoria-selectiva-en-accion</link>
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      <pubDate>Fri, 04 Feb 2011 19:41:31 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/02/110855810_8a325e524f.jpg" class="centro" alt="110855810_8a325e524f.jpg" />Ay, qué difícil es la convivencia. Aquéllos de vosotros que compartís piso, vivís en pareja o incluso os acordáis de vuestra vida en casa de los papis me entenderéis cuando os formule la siguiente pregunta: <strong>¿Quién lava más los platos?</strong> <em>¡Hoy te toca a ti! ¡No, a ti! ¡El lunes fregué yo! ¡Mentira!</em></p>

	<p>Y así hasta que cada una de las partes cree tener la razón.</p>

	<p>El germen de estas desavenencias reside en nuestro cerebro, en nuestra forma de procesar la información.  Más concretamente, <strong>en nuestra memoria selectiva</strong>. Y es que lo precario de nuestra memoria es, qué duda cabe, el origen de la mayor parte de las fricciones sociales cotidianas. <br />
<!--more--></p>

	<p>Cuando discutimos sobre quién lava los platos generalmente en casa, no podemos evitar recordar con más claridad las veces que hemos fregado nosotros. Esto sucede porque <strong>nuestra memoria está organizada para concentrarse principalmente en nuestra propia experiencia</strong>. Y sólo ocasionalmente compensamos este desequilibrio.</p>

	<p>Muchas expresiones de superioridad moral también se fundan en esta clase endeble de memoria. </p>

<blockquote>Los estudios demuestran que prácticamente en cualquier empresa de colaboración, desde las tareas domésticas hasta la elaboración de trabajos académicos con colegas, la suma de la contribución percibida por cada individuo supera el total del trabajo realizado. No recordamos lo que hicieron los demás tan bien como recordamos lo hecho por nosotros, y eso nos lleva a todos (incluso a los holgazanes) a tener la impresión de que los demás se han aprovechado de nosotros.</blockquote>

	<p>Si fuéramos un poco más conscientes de esta debilidad, tal vez seríamos más generosos con los demás… y nos fiaríamos un poco menos de nosotros mismos. </p>

	<p>Por supuesto, yo creo que, en este artículo, mi contribución es mayor (y mejor) que la aportada por la fuente que he consultado.  Maldita memoria. Para compensar, ahí va otro fragmento de <strong>Gary Marcus</strong>:</p>

<blockquote>solemos considerar los recuerdos más recientes, o los que afloran que cualquier otro dato. Observemos, por ejemplo, una experiencia que tuve hace poco mientras conducía por la carretera y me preguntaba a qué hora llegaría al siguiente motel. Cuando el tráfico avanzaba con fluidez, pensaba: “Vaya, voy a ciento veinte por la interestatal; llegaré dentro de una hora.” Cuando la circulación empezó a ser más lenta debido a unas obras en la calzada, me dije: “Oh, no, tardaré aún dos horas”.  Lo que me resultaba imposible, por cómico que parezca, era calcular simultáneamente la media entre dos puntos en el recorrido, y concluir: “A veces el tráfico circula bien, a veces va más despacio. Preveo una mezcla de condiciones buenas y malas, así que seguro que tardaré una hora y media.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Kluge</em> de Gary Marcus</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La cultura del honor: lo que pasa cuando te llaman gilipollas]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-cultura-del-honor-lo-que-pasa-cuando-te-llaman-gilipollas</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-cultura-del-honor-lo-que-pasa-cuando-te-llaman-gilipollas</guid>
      <pubDate>Mon, 07 Jun 2010 02:33:38 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2010/06/pelea-manos.jpg" alt="" />Una de las escenas más recordadas de la película <em>Regreso al futuro</em> (Back to the Future) es la protagonizada por el protagonista, Marty McFly, cuando le llaman gallina. McFly, co-co-co, ¿acaso eres un gallina? Y entonces, McFly se enojaba y decide demostrar que no lo es, incluso afrontando riesgos ciertamente elevados.</p>

	<p>¿Por qué no toleramos que la gente crea que somos cobardes? ¿De dónde surge la cultura del honor?</p>

	<p>A principios de la década de 1990, dos psicólogos de la Universidad de Michigan, <strong>Dov Cohen</strong> y <strong>Richard Nisbett</strong>, decidieron llevar a cabo un experimento sobre la cultura del honor. Para ello, nada mejor que reunir a un grupo de jóvenes e… insultarlos. El insulto que consideraron más eficaz para sus fines fue nada menos que “<em>gilipollas</em>”.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El experimento fue como sigue: </p>

<blockquote>El edificio de Ciencias Sociales de la Universidad de Michigan tiene un pasillo largo y estrecho en un sótano, flanqueado por hileras de archivadores. Los investigadores convocaron a los jóvenes a un aula, uno por uno, y les pidieron que rellenasen un cuestionario. Entonces les dijeron que depositaran el cuestionario al final de pasillo y volviesen al aula: un simple ejercicio académico de apariencia inocente.</blockquote>

	<p>Pero el experimento continuaba así: seleccionaron a la mitad del grupo de jóvenes. Cuando cada uno de ellos caminaba al fondo del pasillo con su cuestionario, un compinche de los investigadores se ponía a andar delante de ellos y sacaba un cajón de uno de los archivadores. Cuando el joven intentaba pasar, el compinche se mostraba visiblemente importunado. Cerraba el cajón, empujaba al joven por el hombro y, en voz baja, <strong>pronunciaba la palabra mágica</strong>: gilipollas.</p>

	<p>Cohen y Nisbett estudiaron en profundidad cómo cambiaban los jóvenes que habían sido insultados. Incluso les tomaron muestras de saliva que indicaban que <strong>sus niveles de testosterona y cortisona</strong>, las hormonas que regulan la excitación y la agresividad, se habían disparado. Finalmente, se les pidió que leyeran la siguiente historia e inventaran un final para ella:</p>

<blockquote>Sólo hacía unos veinte minutos que habían llegado a la fiesta cuando Jill se llevó a Steve aparte, obviamente molesta por algo.</blockquote>

<blockquote>¿Qué te pasa?, preguntó Steve.</blockquote>

<blockquote>Es Larry. Sabiendo perfectamente que tú y yo vamos a casarnos, ya me ha tirado los tejos dos veces esta noche.</blockquote>

<blockquote>Cuando se reintegraron en la fiesta, Steve decidió no quitarlo ojo a Larry. Efectivamente, no habían pasado ni cinco minutos, cuando Larry se acercó a Jill e intentó besarla.</blockquote>

	<p>Los finales escogidos por los jóvenes que habían sido llamados gilipollas minutos antes fueron inequívocos: <strong>fueron finales mucho más taxativos, violentos, rudos</strong>. </p>

	<p>Pero entre los insultados hubo unas sorprendentes diferencias de agresividad o descontrol. Estas diferencias no dependía de si el joven sacaba buenas notas o malas, o si era físicamente imponente o no. Lo que importaba, sobre todo, <strong>era el lugar de procedencia del joven insultado</strong>. </p>

<blockquote>Los jóvenes procedentes del norte de Estados Unidos básicamente se tomaron el incidente con humor, como una broma más o menos divertida. Sus apretones de manos eran normales; y de hecho sus niveles de cortisona disminuyeron, como si intentaran inconscientemente desactivar su propia cólera. Sólo unos pocos predecían una reacción violenta de Steve hacia Larry. Pero ¿y los del Sur? Ay, Señor… Vaya si se enfadaban. Sus niveles de cortisona y testosterona brincaban. Sus apretones de manos se hicieron más firmes; y tenían muy claro que Steve se iba derecho, con el puño cerrado, a por Larry.</blockquote>

	<p>Conclusión. A todos los afecta que nos llamen gilipollas. O gallina. O que se ponga en entredicho nuestro honor. <strong>Pero insulta a un sureño y le verás buscar pelea con mucha más facilidad</strong>. </p>

	<p>Vía | <em>Fueras de serie</em> de Malcolm Gladwell</p>      ]]></description>
      </item>
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