
Un equipo de la Universidad de Stanford ha conseguido que fragmentos de coral blanqueado se recuperen en siete semanas con solo tocar a un clon sano
El método solo funciona entre corales genéticamente idénticos y se publica cuando El Niño amenaza con otra ola de calor en los océanos
Un coral blanqueado está pasando hambre, pero todavía no está muerto. Esa es la conclusión de un equipo de la Universidad de Stanford que ha comprobado en el laboratorio, en el que un fragmento de coral sin color puede recuperarse por completo en siete semanas si toca a otro fragmento sano de su misma colonia. El trabajo explica también cómo ocurre, cuando los dos corales fusionan su tejido, y el sano le pasa al enfermo las algas que necesita para comer.
Por qué un coral pierde el color. Aunque no lo parezca, los corales son animales, concretamente colonias de pequeños pólipos que viven asociados a unas algas microscópicas, las zooxantelas, instaladas dentro de sus células. Esas algas hacen la fotosíntesis y entregan al coral la mayor parte de su alimento. La importancia de los arrecifes no guarda proporción con su tamaño: ocupan solo el 0,01% del fondo marino y sostienen alrededor del 25% de la vida marina. Danny Collins, uno de los autores dle estudio, explica que “los arrecifes de coral son realmente el cimiento de por qué estos ecosistemas pueden ser tan productivos”.
Cuando el agua se calienta demasiado deprisa, el coral expulsa sus algas, se queda blanco, y empieza a morir de inanición. Si el fenómeno alcanza a los tres océanos con arrecifes se habla de blanqueamiento global. El más reciente de los que se han registrado (cuatro hasta ahora) se prolongó unos dos años y medio, y probablemente terminó a mediados de 2025: desde principios de 2023, el estrés térmico capaz de blanquear corales afectó al 84% del área de arrecifes del planeta, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), y hubo blanqueamiento masivo en al menos 83 países y territorios. Ese 84% mide el calor que sufrieron los arrecifes, no cuántos llegaron a blanquearse. De hecho, los que sobreviven tardan meses o años en recuperar sus algas o “color” por su cuenta.
Una muestra que se volcó. La idea nació de un cruce de líneas de investigación. Collins estudiaba cómo los residuos de plástico transmiten a los corales bacterias que causan enfermedades. “Las bacterias dañinas entran en los corales por contacto físico”, de acuerdo a la nota de prensa de Stanford. En una entrevista concedida a ABC News se preguntó si “podríamos darle la vuelta a este mecanismo” Mientras tanto, en un tanque del laboratorio de Steve Palumbi, profesor de Ciencias Oceánicas y de Biología en Stanford y coautor del trabajo, una muestra se volcó sobre otra y el color volvió justo donde los dos corales se tocaban, según contó la emisora KQED.
Para comprobar si aquello era casualidad, Collins montó diez parejas de Pocillopora damicornis, una especie de coral ramificado, con corales de acuario y en la estación marina Hopkins de Stanford (Monterey, California). Cada pareja reunía un fragmento blanqueado y otro sano de la misma colonia, de unos cuatro centímetros. En cinco parejas los fragmentos se tocaban, y en las otras cinco quedaban separados por unos milímetros. Los blanqueados que estaban en contacto se recuperaron del todo en siete semanas, mientras que los separados murieron. El equipo la presenta como la recuperación más rápida documentada hasta ahora, y Collins señala que se quedaron “asombrados al ver los increíbles resultados: se recuperaban por completo en muy poco tiempo”.
Un puente de tejido entre clones. Bajo el microscopio se pudo observar con precisión lo que estaba ocurriendo. Tras uno o dos días de contacto, los tejidos se fusionaban y formaban lo que los investigadores llaman una “autopista de nutrientes”. La nota de Stanford precisa que unos canales microscópicos de cada fragmento se alineaban y por ellos viajaban las algas y los azúcares que producen. Más tarde, a los tres días, ya había algas sanas dentro del coral blanqueado, pero lo decisivo vino después: esas recién llegadas algas se multiplicaron a gran velocidad. Palumbi señala que “una vez que las algas beneficiosas entran en los corales blanqueados, no se limitan a repartirse. Llegan en tropel y empiezan a dividirse a las tasas más rápidas vistas en corales”. Durante la segunda semana de contacto, su número se duplicaba cada cuatro días, unas diez veces más rápido que en corales silvestres.
Ni siquiera hacía falta mantenerlos juntos todo el tiempo, ya que al separar las parejas en distintos momentos, el equipo comprobó que una semana de contacto -y en algunos casos cinco días- bastaba para que el fragmento blanqueado completara solo su recuperación, en las mismas siete semanas que los que siguieron unidos.
La condición del gemelo idéntico. No obstante, Collins advierte que “la limitación es que esto requiere contacto de corales del mismo clon genético”, lo que hace que Palumbi lo compare con la medicina humana mediante un símil de transplantes: “suelen salir bien si el donante es tu gemelo idéntico”. Cuando el equipo juntó fragmentos de colonias distintas, los corales respondieron con hostilidad y desplegaron sus células urticantes, una reacción que Collins asemeja al rechazo de un órgano trasplantado y señalando que “probablemente no vamos a ir juntando corales unos con otros en los arrecifes”.
Es preciso destacar, como lo hace Terry Hughes, investigador de la Universidad James Cook (Australia), -personalidad ajena al equipo de estudio-, y a través de una entrevista del New York Times recogida por la revista Smithsonian , que el método no sirve para corales ya muertos. La mejor ayuda sigue siendo recortar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Del tanque al arrecife. El siguiente paso es prescindir del contacto: recoger algas de corales sanos antes de una ola de calor y aplicarlas en grandes cantidades a los blanqueados. Según KQED, el equipo planea pruebas de campo en Hawái y Palaos en los próximos meses o años. El motivo es que cultivar simbiontes fuera del coral tiene antecedentes, y no todos sencillos. En 2020, un equipo australiano mantuvo diez cepas de estas algas a 31 grados durante cuatro años: todas se volvieron más tolerantes al calor, pero solo tres de ellas hicieron más resistentes a las larvas de coral que las acogieron.
Conservar copias vivas de cada coral tampoco es ciencia ficción, como ejemplo hay un caso en Florid: una fundación nacida de un proyecto escolar de hace 26 años guarda genotipos de corales cuernos de ciervo y de alce, dos especies que un estudio de 2025 dio por funcionalmente extintas en los cayos, como contamos en Xataka Ciencia.
Y hay un factor más, los episodios meteorológicos extremos como El Niño. El Centro de Predicción Climática de la NOAA, en su diagnóstico del 8 de octubre de 2026, da por probable un episodio de ese tipo entre fuerte y muy fuerte hasta el trimestre de enero a marzo de 2027, con altas probabilidades de que supere a todos los registrados desde 1950. Para el coordinador del programa Coral Reef Watch de la NOAA, Derek Manzello, estaríamos “en la era en la que los arrecifes se blanquearán casi todos los años”.
Foto | Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas (vía Xataka)
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