
WD J1330+6435, a unos 280 años luz, debe su tono al sodio de los restos rocosos que ha ido engullendo
Un equipo de la Universidad de Warwick ha calculado el color real de estos cadáveres estelares: también los hay rosas y cian
Si alguna vez has buscado una estrella verde en el cielo nocturno, te habrás ido de vacío; pero eso no quiere decir que no exista ninguna. Un equipo de la Universidad de Warwick (Reino Unido) ha calculado que la enana blanca WD J1330+6435 se vería de un verde amarillento si pudiéramos plantarnos delante de ella, y que es la primera estrella de la que puede decirse algo así. Nadie la ha visto de ese color, y la conclusión sale del análisis de su luz.
Un cadáver estelar color chartreuse Pongámonos en contexto, ¿sí? Una enana blanca es lo que queda cuando muere una estrella parecida al Sol: un resto densísimo que ya no quema nada y se va enfriando. WD J1330+6435 ronda los 4.000 grados centígrados y, según la nota de prensa de Warwick, ha acumulado material rocoso de su antiguo sistema planetario, que ha cargado su atmósfera de calcio, litio y sodio. “Las trazas de sodio en la atmósfera de esta enana blanca absorben la parte naranja del espectro y dejan un fantasmagórico brillo verde. Imagina estar en un planeta y alzar la vista hacia una estrella verde. Parece sacado de la ciencia ficción” dice Mark Hollands, astrofísico de Warwick y autor principal del trabajo.
El estudio, que Hollands firma con Boris Gänsicke, Pier-Emmanuel Tremblay y Detlev Koester, se publicó el 15 de octubre de 2026 en la revista RAS Techniques and Instruments (RASTI), de la Real Sociedad Astronómica británica. Hasta donde saben sus autores, ninguna otra estrella, viva o muerta, se ha descrito nunca de forma creíble como verde, lo que convierte a las enanas blancas, según el artículo, en “por ahora la única forma conocida de producir una estrella verde”. Ojo, que WD J1330+6435 no es la única de tono verdoso entre las que analizaron, sino la de verde más intenso.
Por qué no vemos estrellas verdes “Los colores que pueden tener las estrellas normales son prácticamente solo naranja, blanco o azul” explicó Hollands a CNN. “Pero hay algunos casos especiales en los que la física de las capas externas de estas estrellas es lo bastante extraña como para provocar desviaciones bastante grandes en su espectro”. Esas desviaciones nacen de la interacción entre el helio de la atmósfera y las trazas de otros elementos, que cambian de una enana blanca a otra según el material con el que se haya topado a lo largo de su vida.
¿Y por qué no hay estrellas verdes corrientes? Pues porque ninguna temperatura da verde. Como explicaba Xataka en febrero de 2026, una estrella como el Sol tiene su pico de emisión en el verde, pero suelta también mucha luz roja y azul, y el cerebro lo mezcla todo en blanco. En WD J1330+6435 la regla se rompe por la densidad: las atmósferas de las enanas blancas más frías rondan un gramo por centímetro cúbico, como el agua, millones de veces más que la superficie visible del Sol. Con el gas tan apretado, el sodio absorbe en una franja de colores mucho más ancha, se come casi toda la luz cálida y el máximo de la estrella queda hacia los 500 nanómetros, en pleno verde.
La escena del crimen planetario Ese sodio viene de fuera, pues elementos típicos de las rocas, como el hierro o el sodio, pueden aparecer en la superficie de una enana blanca, y su presencia puede delatar un antiguo sistema planetario o “algo como un asteroide que se acerca demasiado a la enana blanca”, según Hollands. “Se hace trizas hasta convertirse en polvo, y luego esos trocitos rocosos de polvo y escombros caen sobre la enana blanca” explica. “Así que podemos usar la enana blanca como una especie de herramienta de diagnóstico para medir la química del material planetario”.
Adam Burgasser, catedrático de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de California en San Diego -experto ajeno al estudio publicado-, lo resume de la sigueinte manera: “La enana blanca está desmontando los planetas, y podemos ver qué había dentro de ese planeta”, y añade que “es la escena de un crimen, y estamos repasando las pruebas que nos quedan a nuestro alcance”. Burgasser quiere saber por qué a WD J1330+6435 le está cayendo tanto material encima; y cree que objetos así pueden entusiasmar al público tanto como a los científicos. Warwick no suelta este hilo: en octubre de 2026 contamos en Xataka Ciencia cómo otro trabajo de la misma universidad detectó un posible planeta nacido de las cenizas de otra enana blanca.
Lo curioso es que esta estrella no es nueva para el equipo. En febrero de 2021, los cuatro firmantes del estudio actual y Nicola Gentile Fusillo detectaron litio en la atmósfera de cuatro enanas blancas viejas, una de ellas WD J1330+6435, en un trabajo publicado en Nature Astronomy (versión abierta en arXiv). La localizaron revisando espectros del Sloan Digital Sky Survey (SDSS), uno de los grandes catálogos del cielo, y la situaron a unos 87 pársecs, unos 280 años luz. Según la nota de Warwick de entonces, las proporciones de litio y potasio frente a sodio y calcio encajaban con la corteza de planetas rocosos como la Tierra o Marte.
Y puede que sea eso lo que falta por saber. En un estudio aceptado en The Astrophysical Journal, el equipo de Benjamin Kaiser puso a prueba, con cinco enanas blancas ricas en litio, las hipótesis que hay sobre la mesa, entre ellas que ese litio venga de la corteza continental de un planeta o que sea herencia de la nucleosíntesis del Big Bang y de la propia galaxia. Para WD J1330+6435, su conclusión fue que hacen falta medidas de abundancias más precisas para saber de dónde salió el cuerpo que se tragó.
Cómo se pinta una estrella invisible Ninguna enana blanca está lo bastante cerca como para ver su color a simple vista, así que Hollands lo calculó a partir de su espectro, que el equipo define como “la ‘huella dactilar’ que se obtiene al separar la luz de una estrella por longitudes de onda”, como un prisma con la luz del Sol. Después pasó esos espectros por un modelo de la visión humana. Como muestra representativa tomó las 151 enanas blancas a menos de 20 pársecs, unos 65 años luz, de la Tierra, y una resultó ser “casi como un rosa salmón” por la abundancia de moléculas de carbono, según contó Hollands. La verde, a unos 87 pársecs, queda fuera de ese censo: la estudiaron aparte, entre 36 enanas blancas con metales en la atmósfera.
Esa estrella rosa es WD J1011+2845, está a solo 48 años luz y podría ser la más roja jamás registrada: una zona de convección profunda ha subido carbono de su núcleo a la superficie, y las moléculas resultantes empujan casi toda su luz más allá de los 600 nanómetros. De la muestra, solo cinco se salían de lo normal (dos amarillas y tres rosas), lo que lleva al equipo a estimar que una de cada treinta enanas blancas del universo brilla con un color extraño. “Una de cada treinta puede no parecer una fracción enorme, pero en toda la población de enanas blancas del universo siguen siendo muchísimas estrellas de colores raros” apunta Gänsicke, catedrático del Departamento de Física de Warwick.
El resto de la muestra desmonta otro tópico: su temperatura de color mediana ronda los 6.800 kelvin, que percibimos como blanco (una bombilla de “blanco frío” anda por los 6.000 kelvin). Ese tópico, muy extendido en astronomía, dice que las enanas blancas suelen ser azules, y nace de un sesgo: las más calientes brillan más y se ven desde más lejos, así que abundan en los catálogos que se basan solo en el brillo. “La enana blanca media es realmente blanca” resume Gänsicke. Hollands, por su parte, ve en el trabajo “una bonita conexión humana con estas cosas tan lejanas”.
“Hacer un estudio que va del espectro a lo que vería el ojo humano es, para mí, un cruce muy chulo entre la física y la biología” escribió a CNN Agnès Kim, astrofísica y profesora de Física en Penn State Scranton, que no ha participado en el trabajo; eso sí, recordó que se basa en datos ya existentes y que quizá no aporte conocimientos nuevos sobre las enanas blancas. Burgasser cree que clasificarlas por temperatura y propiedades atmosféricas sí puede servir, porque obliga a preguntarse por qué cada grupo tiene su color.
Con lo cual, el siguiente paso es ampliar la lista. Entre los sondeos ya en marcha está 4MOST, un espectrógrafo del telescopio VISTA, en el observatorio chileno de Paranal, que vio su primera luz en octubre de 2025; según la universidad británica, Tremblay, coautor del estudio, dirige dos de sus programas, uno de ellos dedicado a las 150.000 enanas blancas que descubrió la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea. “Vamos a multiplicar por diez el número de enanas blancas con espectro” calcula Hollands. “Así que, si tenemos suerte, tal vez pasemos de una o quizá dos enanas blancas verdes a diez o veinte”.
Foto | Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
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