Taringa: la muerte de la venta de productos culturales, y también de las descargas gratuitas

Cuando aún sobreviven miles de escritores, cineastas, intérpretes o compositores que tratan de criminalizar la copia privada de sus obras que no pasan por caja, la época de la descarga gratuita incluso parece que ya está quedándose demode, de modo que están quejándose ya de un cadáver. Ahora lo más in es el streaming y la suscripción, no la compra de unidades de cosas (ya sean físicas o digitales).

El streaming ha venido para quedarse, es imparable, e incluso destruirá las librerías de todo el mundo del mismo modo que lo ha hecho con los videoclubes (aunque probablemente algunas librerías sobrevivirán porque ofrecerán algo más que copias físicas de libros, como un espacio para cafés o un entorno tan precioso que casi parecerá un museo, como es caso de esta librería de Buenos Aires, que se considera la más bonita del mundo).

El ejemplo de que una de las más bonitas y gigantescas librerías del mundo sea argentina no es baladí, porque una de los servicios de streaming que más está por la labor de revolucionar otra vez el negocio cultural (y arrasar, de paso, con muchas librerías a su paso) es Taringa, una red social latina, una especie de Facebook en la que es posible intercambiar contenidos culturales con una persona que no conoces, y que es una de los principales sitios web argentinos.

Según comScore, es la segunda red social más visitada en su país de origen. Recibe mensualmente más de 75 millones de visitantes y se encuentra en proceso de expansión. A diferencia de Twitter, aquí los tuits se llaman shouts y deben tener menos de 256 signos. Su fundador es Herman Borbol, y se expresa así a propósito de Taringa en una entrevista que le realizaron para el libro Smart, de Frédéric Martel:

En Facebook, lo importante es tu vida offline, que pones online. En Taringa, lo importante es el contenido que produces. (…) El nuevo modelo económico de la cultura no vendrá de las ventas digitales que podrían reemplazar a las ventas analógicas. Vendrá de las suscripciones ilimitadas. La compra de música, aunque sea por unidades, incluso en iTunes, ya no tiene futuro. Ya no se comprará música, es así. Los CD y los DVD están muertos, pero el download también. Yo creo en las suscripciones en streaming ilimitadas.

Taringa todavía no funciona por suscripción, al estilo de Sotify, Pandora o Deezer, pero se está estudiando pasar a ese modelo dentro de poco (de momento su modelo económico se basa exclusivamente en la publicidad).

Al igual que ya hace Netflix o Amazon, Taringa también aspira a producir sus propios contenidos, no solo a servirlos. Porque internet no es solo un escapare, sino también un lugar donde propiciar sinergias que propicien nuevos productos culturales. Tal y como añade Frédéric Martel:

La experiencia de Taringa pone de manifiesto varios elementos decisivos de la cultura en la era digital: la suscripción, la recomendación, el algoritmo, las conversaciones, las nuevas formas de copyright y la calidad del content (como llaman a menudo los “contenidos”). Más claramente aún, este sitio muestra que la cultura, que era un “producto”, se está convirtiendo en un “servicio”.
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¿La desaparición de las librerías es algo malo?

La desaparición de librerías como el Ateneo Grand Splendid pudiera parecer una desgracia para la cultura, pero esto no tiene por qué ser necesariamente así. De hecho, gracias a internet podemos advertir que quizá las librerías funcionado otrora como espacios donde la cultura se reducía, comprimía y cuadriculaba para, sencillamente, vender sin violar el espacio y el tiempo disponibles en la propia librería.

cuando una cultura sólo aspira a acceder a un número muy limitado de volúmenes, las librerías constituyen una buena solución. Pero si cada uno de los usuarios de una librería aspira a tener gustos distintos, inquietudes disímiles, las librerías parecen lugares en los que se pretende apagar el fuego de la diversidad: aquí se lee lo que hay (y eventualmente te podremos pedir algún libro raro que no esté a la vista). Con el auge del comercio online ha llegado a ser evidente el poder de recategorizar y ordenar los productos instantáneamente revela su verdadero valor, tal y como explica Chris Anderson en su libro La economía Long Tail:

Para empezar, las tiendas online pueden hacer listas de productos y categorizarlos en cuantas secciones elijan. Eso atrae la atención de los compradores potenciales que no habrían encontrado el producto en la categoría de partida, y también estimula la demanda en las personas que ni siquiera estaban buscando el producto, pero fueron inducidas a comprar mediante una ingeniosa colocación. La eficiencia y éxito del comercio minorista online ha puesto en evidencia el coste de la inflexibilidad y la excesiva simplificación de las clasificaciones de las tiendas minoristas tradicionales.

Imágenes | Pixabay

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