Micronaciones (III): tu propio país virtual

Otra cosa bien distinta es que vuestro reino sea reconocido oficialmente y que su esperanza de vida logre ser superior a la de una mosca de la especie cachipolla (mosca con nombre vagamente obsceno que sólo vive 24 horas, la mitad de las cuales las emplea en reproducirse, como no podría ser de otra forma). Por eso os recomiendo que si tenéis interés en crear vuestro propio reino lo hagáis en un terreno más seguro: Internet.

El mayor obstáculo de poseer un país virtual es que sólo existe electrónicamente, pero a la vez constituye la forma más eficaz de esquivar a aquellos que se empeñan en obligaros a renunciar a vuestros deseos. Son las llamadas cibernaciones. Su tamaño es diminuto, apenas unos milímetros del disco duro de un ordenador. Pero sus fronteras virtuales pueden llegar a ser infinitas. Además, sirven muy bien para establecer simulaciones de tareas diplomáticas, gestionar elecciones y parlamentos simulados o incluso disputar guerras simuladas.

Si la monarquía no es lo vuestro y preferís un sistema de gobierno más progresista, entonces nada mejor que la micronación republicana socialista comunista con sufragio universal más democrática que podáis imaginar: la República de Cosalandia. No es pitorreo, se llama así. Tiene un censo un poco escaso: sólo 23 habitantes, incluidos el Presidente, el vicepresidente y varios ministros que ejercen diversas funciones. Vamos, que casi todos los habitantes de Cosalandia ejercen algún cargo gubernamental. Además, desde hace tiempo están aliados con la República de Waterland, otra micronación situada en el territorio de las Guayanas (Surinam, Guayana Francesa y parte de Venezuela y Brasil), cuyo sistema político también es republicano, presidencialista y federal. Su lengua oficial es el español, su presidenta se llama Rene Renoir y, como sucede con Cosalandia, posee una densidad demográfica propia de un mundo posnuclear: sólo 25 habitantes.

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