Las primeras baterías solubles en agua: se usan y desaparecen

Uno de los grandes problemas de la humanidad es la generación de residuos. Pero puede darse un importante paso en su reducción con las primeras baterías biodegradables: una vez consumidas, simplemente desaparecen. Bienvenidos a la electrónica “transitoria”.

Es lo que sugiere un trabajo publicado en la revista Advanced Materials por un equipo dirigido por el ingeniero John Rogers, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (EEUU), que presenta la primera batería soluble en agua. Dichas baterías, incluso, podrían inyectarse el cuerpo para que se disuelvan una vez cumplido su cometido (por ejemplo, un sistema inteligente para liberar un fármaco dentro del organismo).

El secreto reside en que estos dispositivos están hechos de materiales normales, usados en la electrónica, pero en láminas nanoscópicas: por ejemplo, una superficie de silicio pierde entre 1 y 3 nanómetros por día, de modo que si la superficie es de pocos centenares de nanómetros entonces se disolverá en poco tiempo.

La batería de Rogers está empaquetada en un polímero biodegradable, y está constituida por hojas de magnesio, hierro, tungsteno y molibdeno, que obran como cátodos y ánodos, y una solución salina. La disolución es completamente inofensiva, según palabras de Rogers:

Lo que queda son compuestos como el ácido silícico o algunos metales que están presentes naturalmente en el cuerpo, incluso en cantidades mayores.

Foto | Univ. de Illinois

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