Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química: "Al cumplir los 108 años, sólo hay un 50% de posibilidades de vivir un año más"

Novel 108 Anos Esperanza De Vida
  • La cifra sale de 'Por qué morimos', el libro en el que el Nobel repasa qué sabe la ciencia sobre el envejecimiento

  • Casi tres décadas después de la muerte de Jeanne Calment, nadie ha superado sus 122 años

Redacción Xataka Ciencia

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Hay un dato que resume mejor que ninguno lo cuesta arriba que se vuelve la vejez extrema: al cumplir 108 años, seguir vivo doce meses después es como acertar a cara o cruz. Lo firma Venki Ramakrishnan, que compartió el Nobel de Química de 2009 por sus estudios sobre el ribosoma, y lo deja escrito en ‘Por qué morimos’ (Pasado & Presente, 2024), su libro sobre la ciencia del envejecimiento. El científico sostiene que alargar de verdad la vida humana exigiría algo más que curar enfermedades, como la intervención en los mecanismos biológicos que nos hacen envejecer.

Pero el caso es que el récord sigue en manos de la francesa Jeanne Calment, que murió el 4 de agosto de 1997 con 122 años y 164 días. Ramakrishnan recuerda que la esperanza de vida se ha disparado en el último siglo y medio gracias a la alimentación, el saneamiento, las vacunas, los antibióticos y la medicina, pero que más gente llegue a vieja no implica que el límite máximo de la especie haya subido al mismo ritmo. Antes viene una considerable escalera: a los 25 años, el riesgo de morir en los doce meses siguientes ronda el 0,1%; a los 60, el 1%; a los 80, el 6%; y a los 100, el 16%.

Una maquinaria que se desgasta

Ramakrishnan no cree que exista una barrera escrita en la física. Que el número de supercentenarios no crezca “no significa que haya una ley física o química que diga que no podemos vivir más allá de los 110”. Así lo explicababa en una entrevista del podcast 80,000 Hours, donde recordaba que ballenas y tiburones viven varios siglos. El verdadero obstáculo es el desgaste, ya que ñas células reparan su ADN, eliminan piezas dañadas, reciclan proteínas y mantienen a punto las mitocondrias (sus centrales de energía), pero esa maquinaria de mantenimiento pierde eficacia con los años. Se desgasta.

Las vías para frenarlo existen, aunque ninguna está demostrada en personas. Por ejemplo, la restricción calórica actúa en distintos organismos sobre rutas metabólicas ligadas al envejecimiento y a la autofagia -el sistema con el que la célula se deshace de sus componentes deteriorados. Eso no permite afirmar que comer drásticamente menos alargue la vida humana. La rapamicina, que actúa sobre la vía mTOR del crecimiento celular, ha prolongado la vida de ratones, pero en personas choca con sus efectos inmunosupresores. Y la metformina o los agonistas del GLP-1 (la familia de fármacos de Ozempic) siguen sin pruebas suficientes para alargar la vida de gente sana.

La línea más ambiciosa es rejuvenecer células mediante reprogramación. Los llamados factores de Yamanaka pueden cambiar a fondo la identidad de una célula, pero aplicados del todo dentro de un organismo pueden provocar tumores, así que los laboratorios ensayan versiones parciales y controladas. Lo positivo es que cada avance destapa nuevos frenos, como las mutaciones somáticas que acumulan nuestras células a lo largo de la vida, y por eso el Nobel se muestra cauto.

Curvas de mortalidad y ejemplos

De hecho, la escalera de porcentajes tiene nombre propio. En 1825, el matemático británico Benjamin Gompertz describió que el riesgo de morir crece de forma exponencial con la edad, y Ramakrishnan explica en el libro que, desde finales de la veintena, se duplica más o menos cada siete años.

Lo que ocurre es que pasados los 105, la curva podría dejar de empinarse, como sostuvo en 2018 un estudio publicado en Science con 3.836 italianos de 105 años o más: entre los 105 y los 109 años, la probabilidad de morir en un año era del 50%. “Nuestros datos nos dicen que todavía no se vislumbra un límite fijo para la vida humana”, de acuerdo al demógrafo Kenneth Wachter (uno de sus autores) en la nota de la Universidad de California en Berkeley. No todos corroboraron esta afirmación, pues meses después, una crítica en PLOS Biology argumentó que esa meseta podía ser un espejismo creado por errores en las edades declaradas.

Ramakrishnan lee los mismos datos, pero con más pesimismo como se desprende de una conferencia en la Universidad de Columbia que “el número de supercentenarios, que son las personas que viven más de 110 años, no está creciendo” y que “esto sugiere que en torno a los 110 está el límite natural de nuestra especie”. Y es un debate viene de lejos: en 2016 ya contábamos en Xataka Ciencia el estudio de Nature que fijaba el techo en unos 115 años.

Los números de laboratorio también rebajan expectativas, con muestras como el experimento con rapamicina publicado en Nature en 2009. Ratones tratados desde los 600 días de edad ganaron un 14% de vida en el caso de las hembras, y un 9% los machos (medido, no obstante, cuando había muerto el 90% de cada grupo). Y en 2024, un análisis de Nature Aging concluyó que la mejora de la esperanza de vida se ha frenado desde 1990 y que, en este siglo, llegar a los 100 años difícilmente superará el 15% de las mujeres y el 5% de los hombres si no se logra ralentizar el envejecimiento biológico.

Por seguir usando la metáfora de la “moneda” -para saber si sale cara o cruz-, puede ayudar a entender por qué el récord de Calment aguanta. Con un riesgo anual que se estanca en torno al 50%, pasar de los 108 a los 122 años se parece a acertar 14 lanzamientos seguidos, algo así como una posibilidad entre más de 16.000 para cada persona que llega a esa edad. La británica Ethel Caterham, la persona viva más longeva del mundo, cumplió 117 años el 21 de agosto de 2026. Le quedan algo más de cinco años de seguir tirando la moneda cara o cruz para alcanzar a Calment.

Foto | Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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