
El estudio en el que se apoya, publicado en Nature Microbiology en 2024, señala sobre todo a una bacteria: Lawsonibacter asaccharolyticus
Un ensayo de 2026 con 62 voluntarios matiza la idea: el café mueve especies concretas más que la diversidad global
Tomar café por la mañana es uno de esos gestos que repetimos sin pensarlo, y quizá por eso sorprende que alguien sugiera que también alimenta a las bacterias de nuestro intestino. Es lo que ha hecho el epidemiólogo Tim Spector, profesor del King’s College de Londres y cofundador de la empresa de nutrición ZOE: “Los bebedores de café tienen un microbioma intestinal más rico que los no bebedores”, en referencia al conjunto de bacterias y otros microbios que viven en nuestro intestino.
La frase se apoya en un trabajo del que él mismo es coautor, publicado en Nature Microbiology en noviembre de 2024 y coordinado por Nicola Segata, de la Universidad de Trento. El equipo cruzó los datos de dieta de 22.867 personas de Estados Unidos y Reino Unido con el ADN de sus microbios intestinales, y después comprobó el patrón en datos públicos de 211 cohortes, con 54.198 muestras. El café dejó una huella muy clara: 115 especies bacterianas aparecían asociadas a su consumo, y la relación se repetía en datos de 25 países.
Entre todas destacó una, Lawsonibacter asaccharolyticus, aislada por primera vez en 2018. En los bebedores habituales ( los que consumen 600 gramos de café o más al día) su abundancia mediana era entre 4,5 y 8 veces mayor que en quienes no lo tomaban nunca. La bacteria también vive en personas que no beben café, pero la bebida parece favorecer su crecimiento. Segata explicaba en la nota de la Universidad de Trento que “si bebemos café, estimulamos con mucha fuerza la presencia y la abundancia de esta bacteria”. Algo que Paolo Manghi, primer autor, lo vio en el laboratorio y afirma que “al cultivar esta bacteria in vitro, hemos visto que crece más rápido si se añade café al medio de cultivo”.
La asociación se mantenía también con el descafeinado, así que la cafeína no parece ser la responsable, pero entonces el foco pasa a otros compuestos, como los polifenoles, que llegan al intestino y que las bacterias transforman en otras moléculas. En la sangre de los bebedores había más ácido quínico y trigonelina, y en los portadores de Lawsonibacter, más hipurato, una molécula que los autores describen como biomarcador de salud metabólica e intestinal.
Una bacteria que abunda gracias al café
No obstante, que una bacteria concreta abunde más no equivale a tener un microbioma más diverso. La diversidad mide cuántas especies conviven y en qué proporción; por ejemplo, un bosque con cien especies de árboles es más diverso que una plantación con dos, aunque en la plantación sobren ejemplares de una. En el propio estudio de 2024, la correlación entre café y diversidad fue débil: un coeficiente de 0,1, cuando 1 sería una relación perfecta. Lo sólido es la huella de unas pocas especies, con Lawsonibacter a la cabeza.
En abril de 2026, el equipo de John F. Cryan en APC Microbiome Ireland, del University College Cork, publicó en Nature Communications un experimento con 31 bebedores habituales y 31 personas que no tomaban café. Los primeros lo dejaron durante dos semanas y luego volvieron a tomarlo durante tres, unos con cafeína y otros sin ella, sin saber cuál les tocaba, con lo que bebedores y no bebedores diferían en diversidad, pero dejar el café y retomarlo no la alteró: según los autores, el café afecta a “cepas concretas más que a la diversidad global”.
Por tanto, lo que el café parece hacer es favorecer a unos inquilinos determinados del intestino. Cryan lo resume como que “el café es mucho más que cafeína: es un factor de la dieta complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales”. Su trabajo también encontró diferencias de comportamiento: los bebedores mostraban más impulsividad y reactividad emocional, y los no bebedores, mejor memoria.
Lo que Lawsonibacter no cuenta del todo
Hay algunas salvedades o precauciones a tener en cuenta cuando se interpretan estos datos. La primera es quién está detrás: Spector figura como cofundador y consultor de ZOE en la declaración de intereses del estudio de 2024, junto a otros autores con vínculos con la empresa, y el ensayo irlandés lo patrocinó el Institute for Scientific Information on Coffee (ISIC). Y la segunda, que todavía no sabemos si Lawsonibacter nos hace algún bien. “No parece desempeñar un papel especialmente importante”, admitía Segata. Los autores dejan para trabajos futuros averiguar si la bacteria interviene en los beneficios que se asocian al café.
Lo que sí hace Lawsonibacter es seguir el mapa de las cafeteras, pues es casi universal en las poblaciones occidentales urbanizadas, mientras que en las rurales no occidentales solo aparece, de mediana, en el 2,4% de las personas; según la Universidad de Trento, apenas se encuentra en China, Argentina o India. Para quien ya toma café, la referencia sigue siendo la de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA): hasta 400 miligramos de cafeína al día no plantean problemas en adultos sanos, y en el embarazo el límite baja a 200. Y para quien no lo toma, Vitónica recordaba el 15 de octubre de 2026 que estos hallazgos no fijan ninguna dosis para cuidar la microbiota ni dan motivos para empezar.
Quizá lo más interesante de Lawsonibacter sea lo que cuenta de nosotros. Con el rastro de las bacterias, el modelo del estudio de 2024 distinguía a bebedores de no bebedores con un acierto de 0,89 en una escala en la que 1 es perfecto, y el grupo de Trento quiere buscar huellas parecidas para otros alimentos, algo más difícil porque pocos sabemos explicar cuánto brócoli comemos y cómo lo cocinamos. Los investigadores creen que, en el futuro, un análisis del microbioma podría revelar qué bacterias asociadas a un alimento tenemos y ayudar a diseñar una dieta personalizada.
Foto | nameless 3791 (vía Unsplash)
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