Si la leche que tomas de bebé tiene sabor a vainilla, preferirás ese sabor

La leche de fórmula ha sido, a pesar de todo, un gran sustituto de la leche materna durante los primeros meses de vida de los bebés.

Éste es uno de los primeros sabores que asimilará el bebé, así que muchas madres piensan que mejor empezar con el sabor a verdura para que, más tarde, éste sabor no les resulte totalmente nuevo. Sin embargo, en muchos países, si se le ha dado sabor a la leche de fórmula ha sido con vainilla.

La impronta de la vainilla

La leche con sabor a vainilla tiene una larga tradición. En 1940, la enfermera jefe del hospital infantil de Filadelfia recomendaba que a los niños que no comían bien se les suministraran tres gotas de esencia de vainilla en el biberón.

En 1981, las recomendaciones alimentarias internacionales han establecido, sin embargo, que no es buena idea añadir sabores a la leche de fórmula de los recién nacidos, aunque el sabor vainilla sí que está presente en las leches dirigidas a niños de un año o más.

El sabor a vainilla, de ellos, tiene sus detractores y también sus apologetas, de modo que se producen situaciones singulares, como las que describe Bee Wilson en su libro El primer bocado:

En China, la vainilla está prohibida en la leche de fórmula para bebés, pero muchos fabricantes la siguen añadiendo ilegalmente. En 2014 un equipo de analistas químicos encontró vainilla en cuatro muestras de leche de fórmula para bebés sobre un total de veinte compradas de forma aleatoria en supermercados de la ciudad de Wenzhóu.

El problema del sabor a vainilla es que, junto al sabor de chocolate, nutricionalmente puede ser contraproducente, pues predispone al niño hacia las golosinas y similares a muy temprana edad. Además, la vainilla parece crear una impronta en el cerebro, como sugieren investigadores alemanes en un estudio del año 1999.

En el estudio, se dio a probar distintos tipos de kétchup a 133 personas, pero algunas variedades contenían pequeñas trazas de vainilla (un sabor que no suele asociarse con el kétchuo). Pues bien, la mayoría de los voluntarios que habían tomado pecho de pequeños preferían el kétchup normal. Quienes se habían alimentado de leche de fórmula con sabor a vainilla preferían el kétchup raro de vainilla.

Es a los padres a los que les costaría aceptar una leche con sabor a verduras. Queremos que nuestros bebés beban leche que se corresponda con nuestros recuerdos infantiles. Los fabricantes saben que solo se puede vender comida para bebés haciéndola atractiva para los adultos, y esa es la razón por la que las galletas duras para bebés a veces son más dulces que los bollos y por la que durante décadas, hasta que se prohibió, los botes de papilla iban sazonados con glutamato monofónico para que fueran más sabrosos (…) No sol los bebés los que compran la comida. Son los recuerdos de los adultos que las empresas alimentarias intentan despertar. Al calentar el biberón esterilizado, los padres huelen la leche de sus bebés; o quizá se mojan los labios para probarla. Son ellos y no los bebés los que tienen recuerdos de cómo debería saber la leche de la infancia: cremosa y dulce, como el poso de leche que queda en el bol de cereales.

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