Incluso en agua embotellada tiene bacterias (a veces más que el agua del grifo)

Toda el agua que usamos, para beber, para ducharnos, para lavar los platos, toda ella está repleta de vida. Lo que varía de una fuente de agua a otra no es que haya vida, sino su composición, qué especies encontraremos y cuáles no.

Esta composición depende, sobre todo, del orgien primero del agua. Por esa razón, también el agua embotellada contiene bacterias. Porque la palabra "limpio", en el contexto del agua, nunca significará "estéril".

No al agua estéril

Tal y como lo explica Rob Dunn en su libro ¿Solo en casa?, incluso, cuando nos damos una ducha de agua caliente en casa, hay bacterias depredadoras que:

Ahora mismo, en la alcachofa de ducha de cada casa estos "lucios" diminutos están aferrados a otras bacterias, perforándoles los costados y liberando sustancias químicas para digerirlas. Las biopelículas también sustentan protisas que se comen a los "lucios", y hasta nematodos que se alimentan de los protisas, así como hongos que realizan su propia labor fúngica. Esta es la cadena alimenticia que se nos cae encima cada vez que nos duchamos.

Algunos estudios han encontrado incluso que el agua embotellada contiene una densidad mucho más alta de bacterias que el agua del grifo. En este estudio, por ejemplo, se compraron 57 muestras de 5 categorías de agua embotellada en tiendas locales.

No debemos preocuparnos. Estas bacterias son buenas para nuestra salud. Algunas de estos seres incluso son buenos indicadores de la buena salud del agua. El agua se puede consumir sin riesgos si no porta patógenos (o los lleva en concentraciones muy bajas) y si tiene concentraciones de toxinas lo bastante reducidas como para no causar enfermedades (en este caso el grado de concentración dependerá de la toxina en cuestión).

Por ejemplo, este otro estudio halló que las bacterias ambientales no producían enzimas significativas asociadas con la virulencia, no eran resistentes a los ácidos, eran susceptibles a los antibióticos semisintéticos y no producían una citotoxicidad apreciable. Estas bacterias acuosas naturales se adoptaron en un entorno acuático, no crecieron bien en condiciones análogas a las del huésped humano y no tenían las características asociadas con la virulencia.

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