Eutanasia suiza: el turismo suicida

En el mundo hay una serie de lugares que atraen particularmente a los suicidas. Como el bosque de Aokigahara, bajo el monte Fuji, donde aparecen anualmente decenas de cuerpos de suicidas de jóvenes: sólo en 2002 se recogieron 78 cadáveres. Los puentes también son muy atractivos para los suicidas, hasta el punto de que el Golden Gate dispone de teléfonos de asistencia psicológica en el mismo puente, para que el potencial suicida opte por hablar con alguien antes de tirarse. Además, cabe recordar que Si quieres suicidarte, nunca te tires de un puente.

Sin embargo, desde que Suiza legalizó la eutanasia, estamos asistiendo a un nuevo tipo de turismo suicida: el de las personas que sufren enfermedades incapacitantes y no desean seguir adelante.

Suiza y eutanasia

Según un estudio publicado por un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich en Journal of Medical Ethics, un total de 611 residentes de 31 países diferentes fueron ayudados a morir en Suiza entre 2008 y 2012. En concreto, 268 alemanes, 126 británicos, 66 franceses, 44 italianos, 21 estadounidenses, 14 austriacos, 12 canadienses, 8 españoles, otros tantos israelíes, más un número inferior de otras nacionalidades.

Casi la mitad de las personas que viajaron para morir a Suiza tenían enfermedades neurológicas, como parálisis, problemas de la neurona motora, Párkinson o esclerosis múltiple. El resto padecía enfermedades reumáticas, cáncer, afecciones cardiovasculares graves u otras patologías.

Más de la mitad (58,5%) de los que se sometieron a la eutanasia fueron mujeres, y la edad de estos turistas suicidas oscilaba entre los 23 y 97 años, con un promedio de 69, cuando acabaron con su vida. Prácticamente todas las muertes fueron causadas por tomar pentobarbital de sodio, un fármaco de la familia de los barbitúricos. Solo cuatro personas lo hicieron inhalando helio.

Según Julian Mausbach, uno de los autores del estudio:

El código penal suizo señala que toda persona que por motivos egoístas incite o ayude a otra a cometer suicidio o intentar hacerlo será castigada (si esa otra persona a partir de ahí se suicida o lo intenta) con una pena privativa de libertad de hasta cinco años o monetaria, aunque existen unas condiciones para el suicidio asistido (como enfermedad terminal, pronóstico sin esperanza o dolor insoportable) fijadas por las organizaciones de derecho a morir.

En Suiza se suicida un adolecente cada cuatro días

Con independencia de esta llegada de turistas eutanásicos, Suiza ya es un país donde se produce un gran número de suicidas. Pauline Borsinger, presidenta de ‘Stop Suicide’, en Suiza se producen 1.400 suicidios anuales en total. De esta cifra, nos encontramos con un suicidio de un joven o adolescente de entre 15 y 25 años cada 4 días. El suicidio es la primera causa de mortalidad en personas de 20 a 24 años, y la segunda para los adolescentes de entre 15 y 19 años.

Son unas cifras espectacularmente altas teniendo en cuenta que Suiza es un país desarrollado donde la mayoría de sus ciudadanos tienen una vida acomodada. Con todo, estamos ante un caso netamente adolescente, pues Suiza no es el país con mayor tasa de suicidas. De hecho, ni siquiera los países nórdicos, porcentualmente, no son los lugares donde se producen más suicidios, a pesar del tópico, sino en países como Rusia, Lituania, Kazajistán, Eslovenia, Corea del Sur, Guyana, Hungría, Letonia, Ucrania o China. Finlandia, por ejemplo, no aparece hasta el número catorce, como podéis ver en la siguiente tabla.

Otro problema sociológico espinoso reside en determinar las causas de que en unos países se suicide más la gente que en otros. Las causas no parecen ser únicas, y de hecho parecen ser multifactoriales. Además, el suicidio tiene un extraño componente mimético, hasta el punto de que las simples noticias de un suicidio pueden motivar el incremento de suicidios, lo cual la obligado a establecer protocolos a la hora de presentar noticias de suicidio. Podéis leer más sobre todo ello en El efecto Werther: cuando el suicidio se vuelve contagioso.

Vía | Sinc

Foto | Édouard Manet

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